Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 95

Él se echa un poco atrás para mirarme. —¿Cómo te encuentras? —pregunta con voz suave pero llena de preocupación. —Bien. Muy bien follada —le digo y siento que me estoy ruborizando. Le sonrío tímidamente. —Vaya, señora Grey, tiene una boca muy muy sucia. —Christian pone cara de ofendido, pero advierto la diversión en su voz. —Eso es porque estoy casada con un hombre muy, muy sucio, señor Grey. Me sonríe con una sonrisa ridículamente estúpida que se me contagia. —Me alegro de que estés casada con él. Me coge la trenza, se la lleva a los labios y besa el extremo con veneración; sus ojos están llenos de amor. Oh… ¿Alguna vez podré resistirme a este hombre? Le cojo la mano izquierda y le doy un beso en la alianza, un sencillo aro de platino igual que el mío. —Mío —susurro. —Tuyo —me responde. Me rodea con sus brazos y hunde la nariz en mi pelo—. ¿Quieres que te prepare un baño? —Mmm… Solo si tú te metes en la bañera conmigo. —Vale —concede. Me pone de pie y se levanta para quedar junto a mí. Todavía lleva los vaqueros. —¿Por qué no te pones… eh… los otros vaqueros? Me mira frunciendo el ceño. —¿Qué otros vaqueros? —Los que te ponías antes cuando estábamos aquí. —¿Esos? —pregunta parpadeando por la perplejidad. —Me pones mucho con ellos. —¿Ah, sí? —Sí… Mucho, mucho… Sonríe tímidamente. —Por usted, señora Grey, tal vez me los ponga. —Se inclina para besarme y coge el cuenco que hay en la mesa en el que están el tapón, el tubo de lubricante, el antifaz y mis bragas. —¿Quién limpia esos juguetes? —le pregunto siguiéndole hasta la cómoda. Me mira con el ceño fruncido, como si no entendiera la pregunta. —Yo. O la señora Jones. —¿Ah, sí? Asiente, divertido y avergonzado a la vez, creo. Apaga la música. —Bueno… eh… —Antes lo hacían tus sumisas —termino la frase por él. Se encoge de hombros como disculpándose. —Toma. —Me pasa su camisa. Me la pongo y me envuelvo en ella. La tela mantiene su olor y mi malestar por lo de la limpieza del tapón anal queda olvidado. Deja los juguetes sobre la cómoda. Me coge la mano, abre la puerta del cuarto de juegos, me lleva afuera y bajamos por la escalera. Yo le sigo dócilmente. La ansiedad, el mal humor, la emoción, el miedo y la excitación de la persecución han desaparecido. Estoy