Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 93
Un tapón anal. Christian lo desliza por la hendidura que hay entre mis nalgas.
Oh, Dios mío…
—Voy a introducir esto dentro de ti muy lentamente…
Doy un respingo; la anticipación y la ansiedad están haciendo mella en mí.
—¿Me va a doler?
—No, nena. Es pequeño. Y cuando lo tengas dentro te voy a follar muy fuerte.
Estoy a punto de dar una sacudida sin control. Se agacha sobre mi cuerpo y me da más besos entre los
omóplatos.
—¿Preparada? —me susurra.
¿Preparada? ¿Estoy preparada para esto?
—Sí —digo con un hilo de voz y la boca seca.
Pasa otra vez el dedo por encima del ano y por el perineo y lo introduce en mi interior. Joder, es el pulgar.
Me cubre el sexo con el resto de la mano y me acaricia lentamente el clítoris con los dedos. Su elto un
gemido… Me siento… bien. Muy lentamente, sin dejar de hacer su magia con los dedos y el pulgar, me va
metiendo el frío tapón.
—¡Ah! —grito y gimo a la vez por la sensación desconocida. Mis músculos protestan por la intrusión.
Hace círculos con el pulgar en mi interior y empuja más fuerte el tapón, que entra con facilidad. No sé si es
porque estoy tan excitada o porque me está distrayendo con sus dedos expertos, pero parece que mi cuerpo lo
acepta bien. Pesa… y noto algo raro… ¡«ahí»!
—Oh, nena…
Puedo sentirlo todo: el pulgar que gira en mi interior y el tapón que presiona… Oh, ah… Gira lentamente
el tapón, lo que me provoca un interminable gemido.
—Christian… —Digo su nombre como un mantra mientras me voy adaptando a la sensación.
—Muy bien —me susurra. Me recorre el costado con la mano libre hasta llegar a la cadera. Saca
lentamente el pulgar y oigo el sonido inconfundible de la cremallera de su bragueta al abrirse. Me coge la
cadera por el otro lado, tira de mí hacia atrás y me abre más las piernas empujándome los pies con los suyos.
—No sueltes la mesa, Ana —me advierte.
—No —jadeo.
—Duro, ¿eh? Dime si soy demasiado duro, ¿entendido?
—Sí —le susurro.
Siento que entra en mí con una brusca embestida a la vez que me atrae hacia él, lo que empuja el tapón y lo
introduce más profundamente.
—¡Joder! —chillo.
Se queda quieto con la respiración trabajosa. Mis jadeos se acompasan con los suyos. Estoy intentando
asimilar todas las sensaciones: la deliciosa sensación de estar llena, la seducción de estar haciendo algo
prohibido, el placer erótico que va creciendo en espiral desde mi interior. Tira suavemente del tapón.
Oh, Dios mío… Gimo y oigo que inspira bruscamente: una inhalación de puro placer sin adulterar. Hace
que me hierva la sangre. ¿Me he sentido alguna vez tan llena de lujuria… tan…?
—¿Otra vez? —me susurra.