Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 55
Ignoro a Taylor y al resto de la gente que me sigue y aumento la velocidad una vez más mientras rodeo el
barco. Cuando completo el círculo, veo a Christian en la cubierta. Creo que me mira con la boca abierta, pero
desde esta distancia es difícil decirlo. Valientemente suelto una mano del manillar y le saludo con entusiasmo.
Parece petrificado, pero al final levanta la mano de una forma un poco rígida. No puedo distinguir su
expresión, pero algo me dice que es mejor así. Terminada la vuelta decido dirigirme al puerto deportivo
acelerando por el agua azul del Mediterráneo, que brilla bajo el sol de última hora de la tarde.
En el muelle espero a que Taylor amarre la lancha. Tiene la expresión lúgubre y se me cae el alma a los
pies, aunque Gaston parece algo divertido. Me pregunto si habrá habido algún incidente que haya enturbiado
las relaciones galo-americanas, pero en el fondo me doy cuenta de que seguramente el problema soy yo.
Gastón salta de la lancha y la amarra mientras Taylor me hace señas para que me sitúe a un lado de la
embarcación. Con mucho cuidado acerco la moto a la lancha y yo quedo a su altura. Su expresión se suaviza
un poco.
—Apague el motor, señora Grey —me dice con tranquilidad estirándose para coger el manillar y
tendiéndome una mano para ayudarme a pasar a la lancha.
Subo a bordo con agilidad, sorprendida de no haberme caído.
—Señora Grey —dice Taylor algo nervioso y sonrojándose—, al señor Grey no le ha gustado mucho que
haya conducido la moto de agua. —Es evidente que está a punto de morirse de la vergüenza y me doy cuenta
de que seguramente ha recibido una llamada enfurecida de Christian. Oh, mi pobre marido, patológicamente
sobreprotector, ¿qué voy a hacer contigo?
Sonrío a Taylor para tranquilizarlo.
—Bueno, Taylor, el señor Grey no está aquí y si no le ha gustado, estoy segura de que tendrá la cortesía de
decírmelo en persona cuando vuelva a bordo.
Taylor hace una mueca de dolor.
—Está bien, señora Grey —me dice y me tiende el bolso.
Cuando bajo de la lancha veo el destello de una sonrisa reticente en los labios de Taylor y eso me da ganas
de sonreír a mí también. Le tengo cariño a Taylor, pero no me gusta que me regañe… No es ni mi padre ni mi
marido.
Suspiro. Christian estará furioso… Y ya tiene suficientes cosas de las que preocuparse en este momento.
¿En qué estaría pensando? Mientras estoy de pie en el muelle esperando a que Taylor baje de la lancha, siento
que mi BlackBerry vibra dentro del bolso y me pongo a rebuscar hasta que la encuentro. «Your Love Is
King» de Sade es el tono de llamada que tiene Christian… y solo Christian.
—Hola.
—Hola —responde.
—Volveré en la lancha. No te enfades.
Oigo su exclamación silenciosa de sorpresa.
—Mmm…
—Pero ha sido divertido —le susurro.
Suspira.
—Bueno, no quisiera estropearle la diversión, señora Grey. Pero ten cuidado. Por favor.