Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 417
poco. Ella se retuerce como si hubiera oído mis pensamientos, pero consigue recobrar la compostura, se sienta
erguida y cuadra sus delgados hombros. Se inclina y pulsa el botón de la grabadora y después frunce el ceño
al mirar sus notas arrugadas.
—Es usted muy joven para haber amasado este imperio. ¿A qué se debe su éxito?
¡Oh, Dios! ¿No puedes hacer nada mejor que eso? Qué pregunta más aburrida. Ni una pizca de
originalidad. Qué decepcionante. Le recito de memoria mi respuesta habitual sobre la gente excepcional que
trabaja para mí, gente en la que confío (en la medida en que yo puedo confiar en alguien) y a la que pago bien
bla, bla, bla… Pero, señorita Steele, la verdad es que soy un puto genio en lo que hago. Para mí está chupado:
compro empresas con problemas y que están mal gestionadas y las rehabilito o, si están hundidas del todo, les
extraigo los activos útiles y los vendo al mejor postor. Es cuestión simplemente de saber cuál es la diferencia
entre las dos, y eso invariablemente depende de la gente que está a cargo. Para tener éxito en un negocio se
necesita buena gente, y yo sé juzgar a las personas mejor que la mayoría.
—Quizá solo ha tenido suerte —dice en voz baja.
¿Suerte? Me recorre el cuerpo un estremecimiento irritado. ¿Suerte? Esto no tiene nada que ver con la
suerte, señorita Steele. Parece apocada y tímida, pero ese comentario… Nunca me ha preguntado nadie si he
tenido suerte. Trabajar du &