Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 41
¿Qué habrá recordado? Es algo doloroso, algún recuerdo de su primera infancia, creo. No quiero que se
acuerde de esas cosas. Me acerco y le pongo el dedo índice sobre los labios.
—No importa. No necesito saberlo. Solo tenía curiosidad. —Le dedico una sonrisa cálida y
tranquilizadora. Sigue con la mirada perdida, pero poco después se relaja visiblemente con alivio evidente.
Me inclino y le beso la comisura de la boca—. Te quiero —susurro. Él me dedica esa sonrisa dolorosamente
tímida y yo me derrito—. Siempre te querré, Christian.
—Y yo a ti —responde con un hilo de voz.
—¿A pesar de que sea desobediente? —Alzo una ceja.
—Precisamente porque lo eres, Anastasia. —Me sonríe.
Rompo con la cucharilla la capa de azúcar quemado del postre y niego con la cabeza. ¿Voy a entender a
este hombre alguna vez? Mmm… La crème brûlée está deliciosa.
Cuando el camarero retira los platos del postre, Christian coge la botella de vino rosado y me rellena la copa.
Compruebo que estamos solos y le pregunto:
—¿De qué iba eso de no ir al baño?
—¿De verdad quieres saberlo? —me pregunta con media sonrisa y los ojos iluminados por un brillo
lujurioso.
—¿Quiero? —Le miro a través de las pestañas y le doy un sorbo al vino.
—Cuanto más llena tengas la vejiga, más intenso será el orgasmo, Ana.
Me ruborizo.
—Ya veo. —Oh… Eso explica muchas cosas.
Él sonríe y parece saber mucho más de lo que dice. ¿Siempre voy a ir un paso por detrás del señor Experto
en el Sexo?
—Eh, bueno… —Busco desesperadamente a mi alrededor algo que me permita cambiar de tema. Él se
compadece de mí.
—¿Qué quieres hacer el resto de la noche? —Ladea la cabeza y me dedica una sonrisa torcida.
Lo que tú quieras… ¿Probar esa teoría otra vez, quizá? Me encojo de hombros.
—Yo sé lo que quiero hacer —susurra. Coge su copa de vino, se levanta y me tiende la mano—. Ven.
Le cojo la mano y él me lleva al salón principal.
Su iPod está conectado a los altavoces que hay encima del aparador. Lo enciende y escoge una canción.
—Baila conmigo —dice atrayéndome hacia sus brazos.
—Si insistes…
—Insisto, señora Grey.
Empieza una melodía provocativa y pegadiza. ¿Es un baile latino? Christian me sonríe y empieza a
moverse, arrastrándome con su ritmo y desplazándome por todo el salón.
Un hombre con la voz como caramelo fundido empieza a cantar. Es una canción que me suena, pero no sé
de qué. Christian me inclina hacia atrás y suelto un grito por la sorpresa y río. Él sonríe con los ojos llenos de
diversión. Me levanta de nuevo y me hace girar bajo su brazo.
—Bailas tan bien… —le comento—. Haces que parezca que yo sé bailar.