Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 394
—Ah… —gimo de forma incoherente a la vez que extiendo las manos para agarrarle los brazos. Intento
levantarme un poco para conseguir algo de fricción, pero él me mantiene donde estoy.
—Todo de mí —susurra y mueve la pelvis, empujando para introducirse hasta el fondo. Echo atrás la
cabeza y dejo escapar un grito estrangulado de puro placer—. Deja que te oiga —murmura—. No… no te
muevas, solo siente.
Abro los ojos. Tengo la boca petrificada en un grito silencioso. Sus ojos grises me miran lascivos y
entornados, encadenados a mis ojos azules en éxtasis. Se mueve, haciendo un círculo con la cadera, pero a mí
no me deja moverme.
Gimo. Noto sus labios en mi garganta, besándome.
—Este es mi lugar favorito: enterrado en ti —murmura contra mi piel.
—Muévete, por favor —le suplico.
—Despacio, señora Grey. —Flexiona de nuevo la cadera y el placer me llena el cuerpo. Le rodeo la cara
con las manos y le beso, consumiéndole.
—Hazme el amor. Por favor, Christian.
Sus dientes me rozan la mandíbula hasta la oreja.
—Vamos —susurra y me levanta para después bajarme.
La diosa que llevo dentro está desatada y yo presiono contra el suelo y empiezo a moverme, saboreando la
sensación de él dentro de mí… cabalgando sobre él… cabalgando con fuerza. Él se acompasa conmigo con
las manos en mi cintura. He echado de menos esto… La sensación enloquecedora de él debajo de mí, dentro
de mí… El sol en la espalda, el dulce olor del otoño en el aire, la suave brisa otoñal. Es una fusión de sentidos
cautivadora: el tacto, el gusto, el olfato y la vista de mi querido esposo debajo de mí.
—Oh, Ana —gime con los ojos cerrados, la cabeza echada hacia atrás y la boca abierta.
Ah… Me encanta esto. Y en mi interior empiezo a acercarme… acercarme… cada vez más. Las manos de
Christian descienden hasta mis muslos y delicadamente presiona con los pulgares el vértice entre ambos y yo
estallo a su alrededor, una y otra vez, y otra y otra, y me dejo caer sobre su pecho al mismo tiempo que él
grita también, dejándose llevar y pronunciando mi nombre lleno de amor y felicidad.
Me abraza contra su pecho y me acaricia la cabeza. Mmm… Cierro los ojos y saboreo la sensación de sus
brazos a mi alrededor. Tengo la mano sobre su pecho y siento el latido constante del corazón que se va
ralentizando y calmando. Le beso y le acaricio con la nariz y me digo maravillada que no hace mucho no me
habría permitido hacer esto.
—¿Mejor? —me susurra.
Levanto la cabeza. Está sonriendo ampliamente.
—Mucho. ¿Y tú? —Mi sonrisa es un reflejo de la suya.
—La he echado de menos, señora Grey. —Se pone serio un momento.
—Y yo.
—Nada de hazañas nunca más, ¿eh?
—No —prometo.
—Deberías contarme las cosas siempre —susurra.