Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 385
—¿Tú vas a ir a trabajar? —le pregunto.
—No.
¿Me estoy volviendo loca?
—Es lunes, ¿verdad?
Sonríe.
—Por lo que yo sé, sí.
Entorno los ojos.
—¿Vas a hacer novillos?
—No te voy a dejar sola para que te metas en más problemas. Y la doctora Singh dijo que tienes que
descansar una semana antes de volver al trabajo, ¿recuerdas?
Me siento en el taburete a su lado y me subo un poco la falda. La señora Jones coloca una taza de té
delante de mí.
—Te veo bien —dice Christian. Cruzo las piernas—. Muy bien. Sobre todo por aquí. —Roza con un dedo
la carne desnuda que se ve por encima de las medias. Se me acelera el pulso cuando su dedo roza mi piel—.
Esa falda es muy corta —murmura con una vaga desaprobación en la voz mientras sus ojos siguen el camino
de su dedo.
—¿Ah, sí? No me había dado cuenta.
Christian me mira fijamente con la boca formando una sonrisa divertida e irritada a la vez.
—¿De verdad, señora Grey?
Me ruborizo.
—No estoy seguro de que ese atuendo sea adecuado para ir al trabajo —murmura.
—Bueno, como no voy a ir a trabajar, eso es algo discutible.
—¿Discutible?
—Discutible —repito.
Christian sonríe de nuevo y vuelve a su tortilla.
—Tengo una idea mejor.
—¿Ah, sí?
Me mira a través de sus largas pestañas y sus ojos grises se oscurecen. Inhalo bruscamente. Oh, Dios
mío… Ya era hora.
—Podemos ir a ver qué tal va Elliot con la casa.
¿Qué? ¡Oh! ¡Está jugando conmigo! Recuerdo vagamente que íbamos a hacer eso antes de que ocurriera el
accidente de Ray.
—Me encantaría.
—Bien. —Sonríe.
—¿Tú no tienes que trabajar?
—No. Ros ha vuelto de Taiwan. Todo ha ido bien. Hoy todo está bien.
—Pensaba que ibas a ir tú a Taiwan.
Ríe entre dientes otra vez.
—Ana, estabas en el hospital.