Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 375
Frunzo el ceño.
—¿Y eso tiene sentido?
—La nota —me dice mirándome—. La nota de rescate que tenía ese cabrón de Hyde. Decía algo así
como: «¿Sabes quién soy? Porque yo sé quién eres, pajarillo».
Para mí no tiene ningún sentido.
—Es de un libro infantil. Dios mío. Los Collier lo tenían. Se llamaba… ¿Eres tú mi mamá? Mierda. —
Abre mucho los ojos—. Me encantaba ese libro.
Oh. Conozco ese libro. Se me encoje el corazón. ¡Cincuenta!
—La señora Collier me lo leía.
No sé qué decir.
—Dios mío. Lo sabía… Ese cabrón lo sabía.
—¿Se lo vas a decir a la policía?
—Sí, se lo diré. Aunque solo Dios sabe lo que va a hacer Clark con esa información. —Christian sacude la
cabeza como si intentara aclarar sus pensamientos—. De todas formas, gracias por lo de esta noche.
Uau, cambio de marcha.
—¿Por qué?
—Por reunir a mi familia en un abrir y cerrar de ojos.
—No me des las gracias a mí, dáselas a Mia. Y a la señora Jones, por tener siempre llena la despensa.
Niega con la cabeza como si estuviera irritado. ¿Conmigo? ¿Por qué?
—¿Qué tal se siente, señora Grey?
—Bien. ¿Y tú?
—Estoy bien. —Frunce el ceño porque no comprende mi preocupación.
Oh, en ese caso… Le rozo el estómago con los dedos y sigo por el vello que baja desde su ombligo.
Ríe y me agarra la mano.
—Oh, no. Ni se te ocurra.
Hago un mohín y él suspira.
—Ana, Ana, Ana, ¿qué voy a hacer contigo? —Me da un beso en el pelo.
—A mí se me ocurren unas cuantas cosas.
Me retuerzo a su lado y hago una mueca cuando el dolor de mis costillas se expande por todo mi torso.
—Nena, has pasado por muchas cosas. Además, te voy a contar un cuento para dormir.
¿Ah, sí?
—Querías saberlo… —Deja la frase sin terminar, cierra los ojos y traga saliva.
Se me pone de punta todo el vello del cuerpo. Mierda.
Empieza a contar con voz suave.
—Imagínate esto. Un chico adolescente que quiere ganarse un dinerillo para poder continuar con una
afición secreta: la bebida. —Se gira hacia un lado para que quedemos el uno frente al otro y me mira a los
ojos—. Estaba en el patio de los Lincoln, limpiando los escombros y la basura tras la ampliación que el señor
Lincoln acababa de hacerle a su casa…
Oh, madre mía… Me lo va a contar.