Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 367

estaba pensando. —No eres como él —digo con voz firme. —Estamos cortados por el mismo patrón. —No, no es cierto —respondo, aunque entiendo por qué lo piensa. Recuerdo la información que Christian nos contó cuando íbamos a Aspen en el avión: «Su padre murió en una pelea en un bar. Su madre se ahogó en alcohol para olvidar. De pequeño no hizo más que entrar y salir de casas de acogida… Y meterse en problemas. Sobre todo robos de coches. Pasó un tiempo en un centro de menores». —Los dos tenéis un pasado problemático y los dos nacisteis en Detroit, eso es todo, Christian. —Cierro las manos para convertirlas en puños y las apoyo en las caderas. —Ana, tu fe en mí es conmovedora teniendo en cuenta lo que ha pasado en los últimos días. Sabremos más cuando venga Welch —dice para zanjar el tema. —Christian… Me detiene con un beso. —Basta —me dice, y yo recuerdo que acabo de prometerme a mí misma que no le iba a presionar para que me dé información—. Y no me hagas un mohín —añade—. Vamos. Deja que te seque el pelo. Y sé que con eso el tema está zanjado. Después de vestirme con pantalones de chándal y una camiseta, me siento entre las piernas de Christian mientras me seca el pelo. —¿Te dijo Clark algo más mientras yo estaba inconsciente? —No que yo recuerde. —Oí alguna de tus conversaciones. Deja de cepillarme el pelo. —¿Ah, sí? —me pregunta en un tono despreocupado. —Sí, con mi padre, con tu padre, con el detective Clark… Y con tu madre. —¿Y con Kate? —¿Kate estuvo allí? —Sí, brevemente. Está furiosa contigo. Me giro en su regazo. —Deja ya ese rollo de «todo el mundo está enfadado contigo, Ana», ¿vale? —Solo te digo la verdad —responde Christian, divertido por mi arrebato. —Sí, fue algo imprudente, pero ya lo sabes, tu hermana estaba en peligro. Su expresión se vuelve seria. —Sí, cierto. —Apaga el secador y lo deja en la cama a su lado. Me coge la barbilla—. Gracias —me dice sorprendiéndome—. Pero ni una sola imprudencia más. La próxima vez te azotaré hasta que ya no lo puedas soportar más. Doy un respingo. —¡No te atreverás!