Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 363
Me guiña un ojo.
—Taylor te ha traído ropa limpia. Te ayudaré a vestirte.
Como me ha dicho Christian, Ray está furioso. Creo que no le he visto nunca así de enfadado. Christian ha
decidido, sabiamente, dejarnos solos. Aunque normalmente es un hombre taciturno, hoy Ray llena la
habitación del hospital con su discurso, regañándome por mi conducta irresponsable. Vuelvo a tener doce
años.
Oh, papá, por favor, cálmate. Tu tensión no está para estas cosas…
—Y he tenido que vérmelas con tu madre —gruñe agitando ambas manos, irritado.
—Papá, lo siento.
—¡Y el pobre Christian! Nunca le había visto así. Ha envejecido. Los dos hemos envejecido unos cuantos
años en los últimos dos días.
—Ray, lo siento.
—Tu madre está esperando que la llames —dice en un tono más moderado.
Le doy un beso en la mejilla y por fin abandona su diatriba.
—La llamaré. De verdad que lo siento. Pero gracias por enseñarme a disparar.
Durante un momento me mira con un orgullo paterno que no puede ocultar.
—Me alegro de que sepas disparar al blanco —dice con voz áspera—. Vete a casa y descansa.
—Te veo bien, papá. —Intento cambiar de tema.
—Tú estás pálida. —De repente su miedo es evidente. Su mirada es igual que la de Christian anoche. Le
cojo la mano.
—Estoy bien. Y prometo no volver a hacer nada parecido nunca más.
Me aprieta la mano y me atrae hacia él para darme un abrazo.
—Si te pasara algo… —susurra con la voz baja y ronca. Se le llenan los ojos de lágrimas. No estoy
acostumbrada a las demostraciones de emoción por parte de mi padre.
—Papá, estoy bien. Nada que no pueda curar una ducha caliente.
Salimos por la puerta de atrás del hospital para evitar a los paparazzi que están en la entrada. Taylor nos lleva
hasta el todoterreno que nos espera.
Christian está muy callado mientras Sawyer nos lleva a casa. Yo evito la mirada de Sawyer por el retrovisor,
avergonzada porque la última vez que lo vi fue cuando le di esquinazo en el banco. Llamo a mi madre, que
llora y llora. Necesito casi todo el viaje hasta casa para calmarla, pero al fin lo consigo prometiéndole que iré
a verla pronto. Durante toda la conversación con ella Christian me coge de la mano y me acaricia los nudillos
con el pulgar. Está nervioso… Ha sucedido algo.
—¿Qué ocurre? —l R&VwV