Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Página 34
—Te voy a dar una lección —murmura.
Con un movimiento repentino me agarra de la cintura, se sienta en la cama y me tumba sobre su regazo. En
esta postura siento la presión de su erección contra mi vientre. Me da un azote en el culo, fuerte. Chillo y al
segundo siguiente estoy boca arriba en la cama y él me mira fijamente con sus ojos de un gris líquido. Estoy a
punto de empezar a arder.
—¿Sabes lo preciosa que eres? —Me roza el muslo con las puntas de los dedos de forma que me
cosquillea… todo. Sin apartar los ojos de mí, se levanta de la cama y coge los dos juegos de esposas. Me
agarra la pierna izquierda y cierra una de las esposas alrededor de mi tobillo.
¡Oh!
Me levanta la pierna derecha y repite el proceso; ahora tengo un par de esposas colgando de cada tobillo.
Sigo sin tener ni idea de dónde las va a enganchar.
—Siéntate —me ordena y yo obedezco inmediatamente—. Ahora abrázate las rodillas.
Parpadeo, subo las piernas hasta que quedan dobladas delante de mí y las rodeo con los brazos. Me coge la
barbilla y me da un beso suave y húmedo en los labios antes de ponerme el antifaz sobre los ojos. No veo
nada y solo oigo mi respiración acelerada y el agua chocando contra los costados del yate, que cabecea
suavemente en el mar.
Oh, madre mía. Estoy muy excitada… ya.
—¿Cuál es la palabra de seguridad, Anastasia?
—Pirulí.
—Bien.
Me coge la mano izquierda y cierra las esposas alrededor de la muñeca. Después repite el proceso con la
derecha. Tengo la mano izquierda esposada al tobillo izquierdo y la derecha al derecho. No puedo estirar las
piernas. Oh, maldita sea…
—Ahora —dice Christian con un jadeo— te voy a follar hasta que grites.
¿Qué? Todo el aire abandona mi cuerpo.
Me agarra los dos tobillos y me empuja hacia atrás hasta que caigo de espaldas sobre la cama. Las esposas
me obligan a mantener las piernas dobladas y me aprietan la carne si tiro de ellas. Tiene razón, se me clavan
casi hasta el punto del dolor… Me siento muy rara, atada, indefensa y en un barco. Christian me separa los
tobillos