Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 318

un brazo y luego el otro. —Qué bien hueles. —Tú hueles a licor fuerte. —Sí… Bour-bon. —Pronuncia las sílabas tan exageradamente que tengo que reprimir una risita. Tiro su chaqueta al suelo a mi lado y empiezo con la corbata. Él me apoya las manos en las caderas. —Me gusta la sensación de esta tela sobre tu cuerpo, Anastaasssia —me dice arrastrando las palabras de nuevo—. Siempre deberías llevar satén o seda. —Sube y baja las manos por mis caderas, luego tira de mí hacia él y pone la boca sobre mi vientre—. Y ahora tenemos un intruso aquí. Dejo de respirar. Madre mía… Le está hablando al pequeño Bip. —Tú me vas a mantener despierto, ¿verdad? —le dice a mi vientre. Oh, Dios mío. Christian me mira a través de sus largas pestañas oscuras. Sus ojos grises están turbios y brumosos. Se me encoge el corazón. —Le preferirás a él que a mí —dice tristemente. —Christian, no sabes lo que dices. No seas ridículo. No estoy eligiendo a nadie. Y puede que sea «ella». Frunce el ceño. —Ella… Oh, Dios. —Vuelve a tirarse sobre la cama y se tapa los ojos con el brazo. Por fin consigo aflojarle la corbata. Le suelto un cordón y le quito el zapato y el calcetín y después el otro. Cuando me pongo de pie me doy cuenta de por qué no oponía ninguna resistencia; Christian está completamente dormido y roncando suavemente. Me quedo mirándole. Está guapísimo, incluso borracho y roncando. Tiene los labios cincelados separados, un brazo encima de la cabeza alborotándole el pelo ya despeinado y la cara relajada. Parece tan joven… Pero claro, es que lo es: mi joven, estresado, borracho e infeliz marido. Siento un peso en el corazón ante ese pensamiento. Bueno, al menos ya está en casa. Me pregunto adónde habrá ido. No estoy segura de tener la energía o la fuerza suficientes para moverle o quitarle más ropa. Además, está encima de la colcha. Vuelvo al salón, recojo la colcha de la cama de invitados que estaba usando yo y la llevo al dormitorio. Sigue dormido, pero todavía lleva la corbata y el cinturón. Me subo a la cama a su lado, le quito la corbata y le desabrocho el botón superior de la camisa. Él murmura algo incomprensible, pero no se despierta. Después le suelto el cinturón con cuidado y lo saco por las trabillas con cierta dificultad, pero por fin se lo quito. La camisa se le ha salido de los pantalones y por la abertura se ve un poco del vello que tiene por debajo del ombligo. No puedo resistirme. Me agacho y le doy un beso ahí. Él se mueve y flexiona la cadera hacia delante, pero sigue dormido. Me siento y vuelvo a mirarle. Oh, Cincuenta, Cincuenta, Cincuenta… ¿Qué voy a hacer contigo? Le paso los dedos por el pelo, tan suave, y le doy un beso en la sien. —Te quiero, Christian. Incluso cuando estás borracho y has estado por ahí, Dios sabe dónde, te sigo queriendo. Siempre te querré. —Mmm… —murmura. Yo vuelvo a besarle en la sien una vez más y me bajo de la cama para taparle con la colcha. Puedo dormir a su lado, cruzada sobre la cama… Sí, eso voy a hacer. Pero primero ordenaré un poco su ropa. Niego con la cabeza y recojo los calcetines y la corbata. Después