Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 284
—Esperaré. Quiero saber cómo está.
—Claro, señora Grey.
Salgo a la sala de espera vacía donde está Christian hablando por teléfono y paseándose arriba y abajo.
Mientras habla mira por la ventana a la vista panorámica de Portland. Cuando cierro la puerta se gira hacia
mí; parece enfadado.
—¿Cuánto por encima del límite?… Ya veo… Todos los cargos, todo. El padre de Ana está en la UCI;
quiero que caiga todo el peso de la ley sobre él, papá… Bien. Mantenme informado. —Cuelga.
—¿El otro conductor?
Asiente.
—Un mierda del sudeste de Portland que conducía un tráiler —dice torciendo la boca. A mí me dejan
anonadada las palabras que ha utilizado y su tono de desprecio. Camina hasta donde estoy yo y suaviza el
tono.
—¿Has acabado con Ray ¿Quieres que nos vayamos?
—Eh… no. —Le miro todavía pensando en esa demostración de desdén.
—¿Qué pasa?
—Nada. A Ray se lo han llevado a radiología para hacerle un TAC y comprobar la inflamación del
cerebro. Quiero esperar para conocer los resultados.
—Vale, esperaremos. —Se sienta y me tiende los brazos. Como estamos solos, yo me acerco de buen
grado y me acurruco en su regazo—. Así no es como había planeado pasar el día —murmura Christian junto
a mi pelo.
—Yo tampoco, pero ahora me siento más positiva. Tu madre me ha tranquilizado mucho. Fue muy amable
viniendo anoche.
Christian me acaricia la espalda y apoya la barbilla en mi cabeza.
—Mi madre es una mujer increíble.
—Lo es. Tienes mucha suerte de tenerla.
Christian asiente.
—Debería llamar a la mía y decirle lo de Ray —murmuro y Christian se pone tenso—. Me sorprende que
no me haya llamado ella a mí. —Frunzo el ceño al darme cuenta de algo: es mi cumpleaños y ella estaba allí
cuando nací. Me siento un poco dolida. ¿Por qué no me ha llamado?
—Tal vez sí que lo ha hecho —dice Christian.
Saco mi BlackBerry del bolsillo. No tengo llamadas perdidas, pero sí unos cuantos mensajes: felicitaciones
de Kate, José, Mia y Ethan. Nada de mi madre. Niego con la cabeza, triste.
—Llámala —me dice en voz baja. Lo hago, pero no contesta; sale el contestador. No dejo ningún mensaje.
¿Cómo se ha podido olvidar mi madre de mi cumpleaños?
—No está. La llamaré luego, cuando tengamos los resultados del TAC.
Christian aprieta su abrazo, acariciándome el pelo con la nariz una vez más y decide con acierto no hacer
ningún comentario sobre el comportamiento poco maternal de mi madre. Siento más que oigo la vibración de
su BlackBerry. La saca con dificultad de su bolsillo pero no me deja levantarme.
—Andrea —contesta muy profesional de nuevo. Hago otro intento de levantarme, pero no me lo permite.