Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 277
con una sonrisa tímida y un suave acento sureño—. Como médico principal de su padre me alegra decirle que
todo va sobre ruedas. Sus constantes vitales son estables y fuertes. Tenemos fe en que pueda conseguir una
recuperación total. La inflamación cerebral se ha detenido y muestra signos de disminución. Es algo muy
alentador teniendo en cuenta que ha pasado tan poco tiempo.
—Eso son buenas noticias —murmuro.
Ella me sonríe con calidez.
—Lo son, señora Grey. Le estamos cuidando mucho. Y me alegro de verte de nuevo, Grace.
Grace le sonríe.
—Igualmente, Lorraina.
—Doctor Crowe, dejemos a estas personas para que pasen un tiempo con el señor Steele. —Crowe sigue a
la doctora Sluder hacia la salida.
Miro a Ray y, por primera vez desde el accidente, me siento esperanzada. Las palabras de la doctora Sluder
y de Grace han avivado esa esperanza.
Grace me coge la mano y me da un suave apretón.
—Ana, cariño, siéntate con él. Háblale. Todo está bien. Yo me quedaré con Christian en la sala de espera.
Asiento. Christian me sonríe para darme seguridad y él y su madre se van, dejándome con mi querido
padre dormido plácidamente con el ruido del respirador y del monitor del corazón como nana.
Me pongo la camiseta blanca de Christian y me meto en la cama.
—Pareces más contenta —me dice Christian cautelosamente mientras se pone el pijama.
—Sí. Creo que hablar con tu madre y con la doctora Sluder ha cambiado las cosas. ¿Le has pedido tú a
Grace que venga?
Christian se mete en la cama, me atrae hacia sus brazos y me gira para que quede de espaldas a él.
—No. Ella quiso venir a ver cómo estaba tu padre.
—¿Cómo lo ha sabido?
—La he llamado yo esta mañana.
Oh.
—Nena, estás agotada. Deberías dormir.
—Mmm… —murmuro totalmente de acuerdo. Tiene razón. Estoy muerta de cansancio. Ha sido un día
lleno de emociones. Giro la cabeza y le miro un segundo. ¿No vamos a hacer el amor? Me siento aliviada. De
hecho lleva todo el día tratándome con cierta distancia. Me pregunto si debería sentirme alarmada por esa
circunstancia, pero como la diosa que llevo dentro ha abandonado el edificio y se ha llevado mi libido con
ella, creo que mejor lo pienso por la mañana. Me vuelvo a girar y me acurruco contra Christian, entrelazando
una pierna con las suyas.
—Prométeme algo —me dice en voz baja.
—¿Mmm? —Estoy demasiado cansada para articular una pregunta.
—Prométeme que vas a comer algo mañana. Puedo tolerar con dificultad que te pongas la chaqueta de otro
hombre sin echar espuma por la boca, pero Ana… tienes que comer. Por favor.
—Mmm —concedo. Me da un beso en el pelo—. Gracias por estar aquí —murmuro y le beso el pecho