Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 261
cuero, cada codo sujeto a una rodilla, y la cabeza de Christian se mueve entre mis piernas y su lengua experta
me excita sin tregua. Abro los ojos y miro el techo del dormitorio, que está bañado por la suave luz de última
hora de la tarde, sin verlo realmente. Su lengua gira una y otra vez, haciendo espirales y rodeando el centro de
mi universo. Quiero estirar las piernas. Lucho en vano por intentar controlar el placer. Pero no puedo. Cierro
los dedos en su pelo y tiro con fuerza para que detenga esta tortura sublime.
—No te corras —me advierte con el aliento suave sobre mi carne cálida y húmeda mientras ignora mis
dedos—. Te voy a azotar si te corres.
Gimo.
—Control, Ana. Es todo cuestión de control. —Su lengua retoma la incursión erótica.
Oh, sabe muy bien lo que está haciendo… Estoy indefensa, no puedo resistirme ni detener mi reacción
ciega. Lo intento, lo intento con todas mis fuerzas, pero mi cuerpo explota bajo sus incesantes atenciones.
Aun así su lengua no para hasta arrancar hasta el último gramo de placer que hay en mí.
—Oh, Ana —me regaña—, te has corrido. —Su voz es suave al echarme esa reprimenda triunfante. Me
gira para que quede boca abajo y yo me apoyo en los antebrazos, aún temblorosa. Me da un azote fuerte en el
culo.
—¡Ah! —grito.
—Control —repite. Y me coge las caderas para hundirse en mi interior.
Vuelvo a gritar; mi carne todavía se convulsiona por las consecuencias del orgasmo. Se queda muy quieto
dentro de mí y se inclina para soltarme primero una esposa y después la otra. Me rodea con el brazo y tira de
mí hasta sentarme en su regazo. Tiene el torso pegado a mi espalda y la mano apoyada bajo mi barbilla y
sobre la garganta. Me siento llena y eso me encanta.