Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 259

De repente el corazón se me llena de compasión por él. Mi niño perdido… ¿Por qué es tan difícil para él volver a ponerse en contacto con la humanidad, con la compasión que mostró por Leila cuando tuvo la crisis? Se me queda mirando fijamente con los ojos brillando por la ira. —Se acabó la discusión. Vámonos a casa. Echo un vistazo al reloj. Solo son las cuatro y veintitrés. Tengo trabajo que hacer. —Es pronto —le digo. —A casa —insiste. —Christian —le digo con voz cansada—, estoy harta de tener siempre la misma discusión contigo. Frunce el ceño como si no comprendiera. —Ya sabes —le recuerdo—: yo hago algo que no te gusta y tú piensas en una forma de castigarme por ello, que normalmente incluye un polvo pervertido que puede ser alucinante o cruel. —Me encojo de hombros, resignada. Esto es agotador y muy confuso. —¿Alucinante? —me pregunta. ¿Qué? —Normalmente sí. —¿Qué ha sido alucinante? —me pregunta, y ahora sus ojos brillan con una curiosidad divert