Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 258

—Anastasia —me dice como si fuera una niña pequeña—, no lo entiendes. Leila, Susannah… Todas ellas… Fueron un pasatiempo agradable y divertido. Pero eso es todo. Tú eres el centro de mi universo. Y la última vez que las dos estuvisteis en la misma habitación, ella te apuntaba con una pistola. No la quiero cerca de ti. —Pero, Christian, entonces estaba enferma. —Lo sé, y sé que está mejor ahora, pero no voy a volver a darle el beneficio de la duda. Lo que hizo es imperdonable. —Pero tú has entrado en su juego y has hecho exactamente lo que ella quería. Deseaba volver a verte y sabía que si venía a verme, tú acudirías corriendo. Christian se encoge de hombros como si no le importara. —No quiero que tengas nada que ver con mi vida anterior. ¿Qué? —Christian… Eres quien eres por tu vida anterior, por tu nueva vida, por todo. Lo que tiene que ver contigo, tiene que ver conmigo. Acepté eso cuando me casé contigo porque te quiero. Se queda petrificado. Sé que le cuesta oír estas cosas. —No me ha hecho daño. Y ella también te quiere. —Me importa una mierda. Le miro con la boca abierta, asombrada. Y me sorprende que todavía tenga la capacidad de asombrarme. «Este es el Christian Grey que yo conozco.» Las palabras de Leila resuenan en mi cabeza. Su reacción ante ella ha sido tan fría… Es algo que no tiene nada que ver con el hombre que he llegado a conocer y que amo. Frunzo el ceño al recordar el remordimiento que sintió cuando ella tuvo la crisis, cuando creyó que él podía ser el responsable de su dolor. Trago saliva al recordar también que incluso la bañó. El estómago se me retuerce dolorosamente y me sube la bilis hasta la garganta. ¿Cómo puede decir ahora que le importa una mierda? Entonces sí le importaba. ¿Qué ha cambiado? Hay veces, como ahora mismo, en que no le entiendo. Él funciona a un nivel que está muy lejos del mío. —¿Y por qué de repente te has convertido en una defensora de su causa? —me pregunta, perplejo e irritado. —Mira, Christian, no creo que Leila y yo nos pongamos a intercambiar recetas y patrones de costura. Pero tampoco creo que haga falta mostrar tan poco corazón con ella. Sus ojos se congelan. —Ya te lo dije una vez: yo no tengo corazón —susurra. Pongo los ojos en blanco. Oh, ahora se está comportando como un adolescente. —Eso no es cierto, Christian. No seas ridículo. Sí que te importa. No le estarías pagando las clases de arte y todo lo demás si te diera igual. De repente hacer que se dé cuenta de eso se convierte en el objetivo de mi vida. Es obvio que le importa. ¿Por qué lo niega? Es lo mismo que con sus sentimientos por su madre biológica. Oh, mierda… claro. Sus sentimientos por Leila y por las otras sumisas están mezclados con los sentimientos por su madre. «Me gusta azotar a morenitas como tú porque todas os parecéis a la puta adicta al crack.» Que alguien llame al doctor Flynn, por favor. ¿Cómo puede no verlo él?