Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 240

azul muy pálido y mi guapísimo marido está a unos seis metros, enfrascado en una discusión con un hombre. —El hombre con el que está hablando es el señor Bentley —me dice Mia desde la barra del desayuno. Me giro para mirarla, atraída por su tono de mal humor. Mira venenosamente a Ethan. Oh, vaya… Me pregunto una vez más qué es lo que hay entre ellos. Frunzo el ceño y devuelvo mi atención a mi marido y el señor Bentley. El marido de la señora Bentley tiene el pelo claro, los ojos oscuros, es delgado y fibroso y va vestido con pantalones de trabajo y una camiseta del Departamento de Bomberos de Aspen. Christian lleva vaqueros negros y una camiseta. Cuando los dos hombres empiezan a caminar por el césped hacia la casa, sumidos en su conversación, Christian se agacha para recoger lo que parece una caña de bambú que ha sido arrastrada allí por el viento o desechada de algún parterre. Se para y distraídamente examina la caña como si estuviera sopesando algo y después corta el aire con ella, solo una vez. Oh… Parece que el señor Bentley no ve nada raro en ese comportamiento. Siguen con su discusión, esta vez más cerca de la casa, después se paran otra vez y Christian repite el gesto. La punta de la caña golpea el suelo. Christian levanta la vista y me ve en la ventana. De repente me siento como si le estuviera espiando. Se queda quiero y yo le saludo un poco avergonzada y me giro para volver a la barra. —¿Qué estabas haciendo? —me pregunta Kate. —Solo miraba a Christian. —Te ha dado fuerte… —dice riendo entre dientes. —¿Y a ti no, futura cuñada? —le respondo sonriendo e intentando apartar la imagen perturbadora de Christian blandiendo la caña. Me quedo perpleja cuando Kate se levanta de un salto y me abraza. —¡Cuñada! —exclama, y es difícil no dejarse arrastrar por su alegría. —Oye, dormilona. —Christian me despierta—. Estamos a punto de aterrizar. Abróchate el cinturón. Cojo el cinturón de seguridad medio dormida e intento abrochármelo torpemente, pero Christian tiene que hacerlo por mí. Me da un beso en la frente antes de volver a acomodarse en su asiento. Yo apoyo la cabeza de nuevo en su ho