Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 226
—Oh, ¿se supone que tenía que hacerlo? —me pregunta intentando ocultar su sonrisa, pero sin
conseguirlo.
—Las mujeres suelen hacerlo contigo. —Mi tono es irónico.
Sonríe.
—Señora Grey, ¿está celosa?
—Ni lo más mínimo —le digo con un mohín. Me doy cuenta justo en ese momento de que estoy
empezando a tolerar que el resto de las mujeres se coman con los ojos a mi marido. O casi. Christian me coge
la mano y me da un beso en los nudillos.
—No tiene por qué estar celosa, señora Grey —me susurra cerca de la oreja. Su aliento me hace cosquillas.
—Lo sé.
—Bien.
La camarera vuelve y unos segundos después ya estoy bebiendo champán otra vez.
—Toma —dice Christian y me pasa un vaso de agua—. Bebe esto.
Le miro con el ceño fruncido y veo, más que oigo, que suspira.
—Tres copas de vino blanco durante la cena y dos de champán, después de un daiquiri de fresa y dos
copas de Frascati en el almuerzo. Bebe. Ahora, Ana.
¿Cómo sabe lo de los cócteles de esta tarde? Frunzo el ceño de nuevo. Pero la verdad es que tiene razón.
Cojo el vaso de agua y lo vacío de un trago de una forma muy poco femenina para dejar claro que no me
gusta que me diga lo que tengo que hacer… otra vez. Me limpio la boca con el dorso de la mano.
—Muy bien —me felicita sonriendo—. Ya vomitaste encima de mí una vez y no tengo ganas de repetir la
experiencia.
—No sé de qué te quejas. Conseguiste acostarte conmigo.
Sonríe y su mirada se suaviza.
—Sí, cierto.
Ethan y Mia vuelven de la pista.
—Ethan ya ha tenido bastante por ahora. Arriba, chicas. Vamos a romper la pista, a mover el trasero y a
dar unos cuantos pasos para bajar las calorías de la mousse de chocolate.
Kate se pone de pie inmediatamente.
—¿Vienes? —le pregunta a Elliot.
—Prefiero verte desde aquí —dice, y yo tengo que mirar hacia otro lado rápidamente porque la mirada que
le lanza hace que me sonroje hasta yo.
Ella sonríe mientras yo me pongo de pie.
—Voy a quemar unas cuantas calorías —digo y me agacho para susurrarle a Christian al oído—: Tú
puedes quedarte aquí y mirarme.
—No te agaches —gruñe.
—Vale —digo levantándome bruscamente. ¡Uau! La cabeza me da vueltas y tengo que agarrarme al
hombro de Christian porque la sala gira e incluso se inclina un poco.
—Tal vez te vendría bien tomar más agua —murmura Christian con una clara nota de advertencia en su
voz.