Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 224

dedicándole una mirada de sus grandes ojos marrones. —Creo que habría que preguntarles a Elliot y a Kate qué es lo que les apetece hacer. Todos nos volvemos hacia ellos a la vez. Elliot se encoge de hombros y Kate se pone algo más que roja. Lo que estaba pensando hacer con su recién estrenado prometido está tan claro que por poco escupo el champán de cuatrocientos dólares por toda la mesa. Zax es la discoteca más exclusiva de Aspen, o eso dice Mia. Christian se dirige hacia el principio de la corta cola rodeándome la cintura con el brazo; nos dejan pasar inmediatamente. Me pregunto por un momento si también será el dueño de este local. Miro el reloj; las once y media de la noche y ya estoy un poco achispada. Las dos copas de champán y las varias de Pouilly-Fumé que me he tomado en la cena están empezando a hacerme efecto y me alegro de que Christian me tenga agarrada con el brazo. —Bienvenido de nuevo, señor Grey —le saluda una rubia atractiva con largas piernas, unos pantaloncitos de satén negros muy sexis, una blusa sin mangas a juego y una pequeña pajarita roja. Muestra una amplia sonrisa que revela unos dientes perfectos entre sus labios de color escarlata, a juego con la pajarita—. Max se ocupará de sus chaquetas. Un hombre joven vestido todo de negro (no de satén esta vez, por suerte) me sonríe a la vez que se ofrece a llevarse mi chaqueta. Sus ojos oscuros son amables y atractivos. Yo soy la única que lleva chaqueta (Christian ha insistido en que me pusiera un trench de Mia para taparme el trasero), así que Max solo tiene que ocuparse de mí. —Bonita chaqueta —me dice mirándome fijamente. A mi lado Christian se pone tenso y atraviesa a Max con una mirada que dice a gritos: «Apártate de ella ahora mismo». Él se sonroja y le da apresuradamente el tíquet de mi chaqueta a Christian. —Les llevaré hasta su mesa —dice la señorita Minishort de Satén a la vez que pestañea al mirar a mi marido y mueve su larga melena rubia. Después se dirige a la entrada andando seductoramente. Yo agarro a Christian con más fuerza y él me mira extrañado un momento y después sonríe burlón mientras sigue a la chica de los pantaloncitos hacia el interior del bar. Las luces son tenues, las paredes negras y los muebles rojo oscuro. Hay reservados en dos de las paredes y una gran barra con forma de U en el centro. Hay bastantes personas, teniendo en cuenta que estamos fuera de temporada, pero no está muy lleno de la típica gente rica de Aspen que sale un sábado por la noche a pasárselo bien. La gente viste de manera informal y por primera vez me siento demasiado vestida… mejor dicho, demasiado poco vestida. El suelo y las paredes vibran por la música que llega desde la pista de baile que hay detrás de la barra y las luces giran y parpadean. Tal como siento mi cabeza ahora mismo, todo me parece la pesadilla de un epiléptico. La señorita Minishort de Satén nos conduce hasta un reservado situado en una esquina que está cerrado con un cordón. Está cerca de la barra y tiene acceso a la pista de baile. Sin duda es el mejor sitio del local. —Ahora mismo viene alguien a tomarles nota. —Nos dedica una sonrisa llena de megavatios y con una última sacudida de pestañas en dirección a mi marido, se va pavoneándose por donde vino. Mia no hace más que cambiar el peso del cuerpo de un pie a otro, muriéndose por lanzarse a la pista de baile, y Ethan se apiada de ella.