Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 208
Me da un beso, uno tierno, dulce y con mucho amor.
Taylor sigue conduciendo hasta salir de la ciudad y después asciende por el otro lado del valle, por una
carretera de montaña llena de curvas. Cuanto más subimos, más entusiasmada estoy. Pero noto que Christian
se pone tenso a mi lado.
—¿Qué te pasa? —le pregunto al girar una curva.
—Espero que te guste —me confiesa—. Ya hemos llegado.
Taylor reduce la velocidad y cruza una puerta hecha de piedras grises, beis y rojas. Sigue por el camino de
entrada y al final aparca delante de una casa impresionante. Tiene la fachada simétrica con tejados
puntiagudos y está construida con madera oscura y esas piedras mezcladas que he visto en la entrada. Es
espectacular: moderna y sobria, muy del estilo de Christian.
—Hogar, dulce hogar —me dice Christian mientras nuestros invitados empiezan a salir del coche.
—Es bonita.
—Ven a verla —me dice con un brillo a la vez entusiasmado y nervioso en los ojos, como si estuviera a
punto de enseñarme su proyecto de ciencia o algo así.
Mia sube corriendo los escalones hasta donde está de pie una mujer en el umbral. Es diminuta y su pelo
negro azabache está entreverado de canas. Mia le rodea el cuello con los brazos y la abraza con fuerza.
—¿Quién es? —le pregunto a Christian mientras me ayuda a salir del monovolumen.
—La señora Bentley. Vive aquí con su marido. Ellos cuidan la casa.
Madre mía, ¿más personal?
Mia está haciendo las presentaciones, primero Ethan y después Kate. Elliot también abraza a la señora
Bentley. Dejamos a Taylor descargando las maletas y Christian me da la mano y me lleva hasta la puerta
principal.
—Bienvenido a casa, señor Grey —le saluda la señora Bentley sonriendo.
—Carmella, esta es mi esposa, Anastasia —me presenta Christian lleno de orgullo. Pronuncia mi nombre
como una caricia, haciendo que casi se me pare el corazón.
—Señora Grey. —La señora Bentley me saluda respetuosamente con la cabeza. Le tiendo la mano y ella
me la estrecha. No me sorprende que sea mucho más formal con Christian que con el resto de la familia—.
Espero que hayan tenido un buen vuelo. Se espera que el tiempo sea bueno todo el fin de semana, aunque no
hay nada seguro —dice mirando las nubes grises cada vez más oscuras que hay detrás de nosotros—. La
comida está lista y puedo servirla cuando ustedes quieran. —Vuelve a sonreír y sus ojos oscuros brillan.
Me cae bien inmediatamente.
—Ven aquí. —Christian me coge en brazos.
—Pero ¿qué haces? —chillo.
—Cruzar otro umbral con usted en brazos, señora Grey.
Sonrío mientras me lleva en brazos hasta el amplio vestíbulo. Entonces me da un beso breve y me baja con
cuidado al suelo de madera. La decoración interior es muy sobria y me recuerda al salón del ático del Escala:
paredes blancas, madera oscura y arte abstracto contemporáneo. El vestíbulo da paso a una gran zona de estar
con tres sofás de piel de color hueso alrededor de una chimenea de piedra que preside la habitación. La única
nota de color la aportan unos cojines mullidos que hay desparramados por los sofás. Mia le coge la mano a