Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 204
Christian—. ¿Es mentalmente inestable? ¿Y qué pasa con la información que tenía de los miembros de la
familia Grey? —Que esté interrogando a Christian de esta forma me está poniendo los pelos de punta, pero ya
sabe que yo no sé nada y por eso no puede preguntarme a mí. Qué irritante.
—Creemos que hay alguna conexión con Detroit —dice Christian en voz baja. Demasiado baja.
Oh, no, Kate, por favor, déjalo estar por ahora…
—¿Hyde también es de Detroit?
Christian asiente.
El avión acelera y yo le aprieto la mano a Christian. Él me mira tranquilizador. Sabe que odio los
despegues y los aterrizajes. Me aprieta la mano y me acaricia los nudillos con el pulgar, algo que me calma.
—¿Qué sabes tú de él? —pregunta Elliot, ajeno al hecho de que estamos dentro de un pequeño jet,
acelerando en la pista y a punto de subir al cielo, e igualmente ajeno a la creciente exasperación que ya le ha
creado Kate a Christian. Kate se inclina hacia delante para escuchar con toda su atención.
—Os cuento esto extraoficialmente… —dice Christian dirigiéndose directamente a ella. La boca de Kate se
convierte en una fina línea muy sutil. Yo trago saliva. Oh, mierda—. Sabemos poco sobre él —continúa
Christian—. Su padre murió en una pelea en un bar. Su madre se ahogó en alcohol para olvidar. De pequeño
no hizo más que entrar y salir de casas de acogida… Y meterse en problemas. Sobre todo robos de coches.
Pasó un tiempo en un centro de menores. Su madre se rehabilitó con un programa de servicios sociales y
Hyde volvió al buen camino. Al final consiguió una beca para Princeton.
—¿Princeton? —Ha despertado la curiosidad de Kate.
—Sí, es un tío listo. —Christian se encoje de hombros.
—No será tan listo si le han pillado… —murmura Elliot.
—Pero seguro que no ha podido montar esto solo… —aventura Kate.
Noto que Christian se tensa a mi lado.
—Todavía no sabemos nada —responde en voz muy baja.
Maldita sea. ¿Puede que haya alguien más por ahí colaborando con él? Me giro y miro a Christian
horrorizada. Él me aprieta la mano otra vez, pero no me mira a los ojos. El avión sube con suavidad y
empieza a surcar el aire y yo noto esa horrible sensación en el estómago.
—¿Qué edad tiene? —le pregunto a Christian, acercándome a él para que no nos oiga nadie. Por muchas
ganas que tenga de saber lo que está pasando, no quiero animar a Kate a que siga haciendo preguntas porque
sé que eso está poniendo nervioso a Christian. Además sé que él no le tiene mucha simpatía desde la noche
que me arrastró al bar a tomar cócteles.
—Treinta y dos, ¿por qué?
—Curiosidad, nada más.
Veo tensión en la mandíbula de Christian.
—No quiero que tengas curiosidad por Hyde. Solo alégrate de que esté encerrado. —Es casi una
reprimenda, pero decido ignorar su tono.
—¿Crees que le estaba ayudando alguien? —La idea de que puede haber alguien más implicado me asusta.
Significaría que esto no ha terminado.
—No lo sé —responde Christian y vuelvo a ver esa tensión en su mandíbula.