Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 196

contra el duro colchón de la cama de cuatro postes. Con una de las manos me agarra la mandíbula mientras con la otra me sujeta la cabeza para mantenerme quieta. Me separa las piernas con la rodilla y se recuesta, todavía con los vaqueros puestos, entre mis muslos—. Ana —repite como si no pudiera creerse que estoy allí con él. Me mira durante una fracción de segundo, lo que me da un momento para respirar, pero de nuevo sus labios se fusionan con los míos, saqueándome la boca y quedándose con todo lo que tengo para dar. Gime fuerte y flexiona la cadera para acercarla a la mía. Su erección cubierta por la tela de los vaqueros presiona mi carne suave. Oh… Gimo y toda la tensión sexual reprimida durante los anteriores intentos fallidos resurge con fuerza, llenando mi sistema de deseo y necesidad. Todavía controlado por sus demonios, Christian me besa con pasión la cara, los ojos, las mejillas y la línea de la mandíbula. —Estoy aquí —le susurro intentando calmarle mientras nuestros jadeos calientes se mezclan. Me agarro a sus hombros y muevo la pelvis contra la suya para animarle. —Oh, Ana —jadea con la voz baja y ronca—. Te necesito. —Yo también te necesito —le susurro con urgencia, con el cuerpo desesperado por sentir su contacto. Le deseo. Le deseo ahora. Quiero curarle. Quiero curarme a mí… lo necesito. Baja la mano y se ocupa de los botones de la bragueta. Los desabrocha en un segundo y libera su erección. Madre mía. Y eso que hace menos de un minuto estaba dormido… Se levanta y me mira fijamente durante un segundo, suspendido en el aire sobre mí. —Sí. Por favor —le pido con la voz ronca y llena de necesidad. Y con un movimiento rápido entra hasta el fondo de mí. —¡Ah! —grito, no de dolor, sino de sorpresa por su rapidez. Gruñe y vuelve a pegar sus labios a los míos mientras me empuja una y otra vez, su lengua poseyéndome con la misma intensidad. Sus movimientos son frenéticos por culpa del miedo, la lujuria, el deseo y… ¿el amor? No lo sé, pero yo voy a su encuentro en todas las embestidas, una tras otra, recibiéndole agradecida. —Ana —dice con dificultad y alcanza el orgasmo con mucha fuerza, derramándose en mi interior, con la cara tensa y el cuerpo rígido antes de caer con todo su peso sobre mí jadeando… y me deja a mí muy cerca… otra vez. Maldita sea. Esta no es mi noche, definitivamente. Le abrazo y respiro todo lo hondo que puedo, casi retorciéndome por la necesidad debajo de su cuerpo. Sale de mí y me abraza durante unos minutos… demasiados. Finalmente sacude la cabeza y se apoya sobre los codos, quitándome de encima parte de su peso. Me mira como si me estuviera viendo por primera vez. —Oh, Ana. Por Dios… —Se acerca y me da un beso tierno. —¿Estás bien? —le pregunto acariciándole su adorable rostro. Asiente, pero parece agitado y muy asustado. Mi pobre niño perdido. Frunce el ceño y me mira intensamente a los ojos como si acabara de registrar por fin dónde está. —¿Y tú? —me pregunta con voz preocupada. —Mmm… —Me retuerzo un poco debajo de él y un segundo después sonríe, una sonrisa lenta y carnal. —Señora Grey, veo que tiene necesidades —murmura. Me da un beso rápido y se baja de la cama. Se arrodilla en el suelo al borde de la cama y extiende las manos, me coge justo por encima de las rodillas y tira de mí hacia él hasta que mi culo queda justo al borde de la cama.