Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 186

Él no se detiene. Con un cuidado exquisito aumenta poco a poco la intensidad sobre los dos pezones. Tiro infructuosamente de las esposas cuando siento unas punzadas de placer que salen de mis pezones y recorren mi cuerpo hasta la entrepierna. Intento retorcerme, pero apenas puedo moverme y eso hace la tortura más intensa. —Christian… —le suplico. —Lo sé —murmura con voz ronca—. Así me haces sentir tú. ¿Qué? Gruño y él empieza de nuevo a someter a mis pezones a esa agonía dulce una y otra vez… acercándome cada vez más. —Por favor… —lloriqueo. Emite un sonido grave y primitivo desde su garganta y se pone de pie, dejándome abandonada, sin aliento y tirando de las esposas que me atan. Me acaricia los costados con las manos. Deja una en la cadera y otra sigue bajando por mi vientre. —Vamos a ver cómo estás —me dice con suavidad. Me cubre el sexo con la mano y me roza el clítoris con el pulgar, lo que me hace gritar. Lentamente mete un dedo en mi interior y después un segundo dedo. Gimo y proyecto las caderas hacia delante, ansiosa por acercarme a sus dedos y a la palma de su mano—. Oh, Anastasia, estás más que lista —me susurra. Hace movimientos circulares con los dedos que tiene en mi interior, una y otra vez, y me acaricia el clítoris con el pulgar, arriba y abajo, sin parar. Es el único punto del cuerpo en que me está tocando y toda la tensión y la ansiedad del día se están concentr