Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 184

calientes pero no quiero arriesgarme a que Christian vuelva a quemarse. Me las va dando lentamente y, cuando termino, le chupo los dedos para limpiárselos. —¿Más? —me pregunta con voz baja y ronca. Niego con la cabeza. Estoy llena. —Bien —me susurra al oído—, porque ha llegado la hora de mi plato favorito. Tú. —Me coge en sus brazos por sorpresa y yo chillo. —¿Puedo quitarme el pañuelo de los ojos? —No. Estoy a punto de hacer un mohín, pero recuerdo su amenaza y me reprimo. —Al cuarto de juegos —me avisa. Oh, no sé si eso es una buena idea… —¿Lista para el desafío? —me pregunta. Y como ya se ha acostumbrado a la palabra «desafío» no puedo negarme. —Allá vamos… —le respondo con el cuerpo lleno de deseo y de algo a lo que no quiero ponerle nombre. Cruza la puerta de la cocina conmigo en brazos y después subimos al piso de arriba. —Creo que has adelgazado —dice con desaprobación. ¿Ah, sí? Bien. Recuerdo su comentario cuando llegamos de la luna de miel y lo poco que me gustó. Dios, ¿ya ha pasado una semana? Cuando llegamos al cuarto de juegos me baja pero sigue rodeándome la cintura con el brazo. Abre la puerta con destreza. Esa habitación siempre huele igual: a madera pulida y a algo cítrico. Se ha convertido en un olor que me resulta tranquilizador. Christian me suelta y me gira hasta que quedo de espaldas a él. Me quita el pañuelo y yo parpadeo ante la tenue luz. Desprende las horquillas del moño y mi trenza cae. Me la coge y tira un poco para que tenga que dar un paso atrás y pegarme a él. —Tengo un plan —me susurra al oído, y eso provoca que un estremecimiento me recorra la espalda. —Eso pensaba —le respondo. Me da un beso detrás de la oreja. —Oh, señora Grey, claro que lo tengo. —Su tono es suave y cautivador. Tira de la trenza hacia un lado y me recorre la garganta con suaves besos—. Primero tenemos que desnudarte. —Su voz ronronea desde lo más profundo de su garganta y reverbera por tod