Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Seite 168
puesto el chándal. Por un momento mi mente vuelve al Heathman Hotel, la primera vez que me desperté a su
lado. La sudadera gris está húmeda por el sudor. O ha estado entrenando en el gimnasio del sótano o ha
salido a correr. No debería estar tan guapo después de hacer ejercicio.
—Me voy a dar una ducha —murmura y desaparece en el baño.
Frunzo el ceño. Sigue estando distante. O está distraído pensando en todo lo que ha pasado o sigue furioso
o… ¿qué? Me siento, cojo el zumo de naranja y me lo bebo demasiado rápido. Está delicioso, frío y mejora
mucho la sensación de mi boca. Salgo de la cama, ansiosa por reducir la distancia, real y metafórica, entre mi
marido y yo. Echo un vistazo al despertador. Son las ocho. Me quito la camiseta de Christian y le sigo al
baño. Está en la ducha, lavándose el pelo, y yo no lo dudo un segundo y me meto con él. Se pone tenso un
momento cuando le abrazo desde detrás, pegándome contra su espalda musculosa y mojada. Ignoro su
reacción y le aprieto con fuerza apoyando la mejilla contra su piel a la vez que cierro los ojos. Después de un
instante se mueve un poco para que los dos quedemos bajo la cascada de agua caliente y sigue lavándose el
pelo. Dejo que caiga el agua sobre mí mientras abrazo al hombre que quiero. Pienso en todas las veces que
me ha follado y las veces en que me ha hecho el amor aquí. Frunzo el ceño. Nunca ha estado tan callado.
Giro la cabeza y empiezo a darle besos en la espalda. Noto que su cuerpo se tensa otra vez.
—Ana… —dice y suena a advertencia.
—Mmm…
Mis manos bajan lentamente por su estómago plano en dirección a su vientre. Él me coge las dos manos
con las suyas y me obliga a detenerme mientras niega con la cabeza.
—No —dice.
Le suelto inmediatamente. ¿Me está diciendo que no? Mi mente se desploma en caída libre. ¿Había
ocurrido esto alguna vez antes? Mi subconsciente niega con la cabeza, frunce l