Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 161

10 T engo el corazón acelerado y la sangre me retumba en los oídos; el alcohol que fluye por mi cuerpo amplifica el sonido. —¿Está…? —Doy un respingo, incapaz de acabar la frase, y miro a Ryan con los ojos muy abiertos, aterrorizada. Ni siquiera puedo mirar a la figura tirada en el suelo. —No, señora. Solo inconsciente. Siento un gran alivio. Oh, gracias a Dios. —¿Y tú? ¿Estás bien? —le pregunto a Ryan. Me doy cuenta de que no sé su nombre de pila. Resopla como si hubiera corrido un maratón. Se limpia la boca para quitarse un resto de sangre y veo que se le está formando un cardenal en la mejilla. —Ha sido duro de pelar, pero estoy bien, señora Grey. —Me sonríe para tranquilizarme. Si le conociera mejor diría que incluso tiene cierto aire de suficiencia. —¿Y Gail? Quiero decir, la señora Jones… —Oh, no… ¿Estará bien? ¿Le habrá hecho algún daño? —Estoy aquí, Ana. —Miro detrás de mí y la veo en camisón y bata, con el pelo suelto, la cara cenicienta y los ojos muy abiertos. Como los míos, supongo—. Ryan me despertó e insistió en que me metiera aquí —dice señalando detrás de ella el despacho de Taylor—. Estoy bien. ¿Está usted bien? Asiento enérgicamente y me doy cuenta de que ella probablemente acaba de salir de la habitación del pánico que hay junto al despacho de Taylor. ¿Quién podía saber que la íbamos a necesitar tan pronto? Christian insistió en instalarla poco después de nuestro compromiso. Y yo puse los ojos en blanco. Ahora, al ver a Gail de pie en el umbral, me alegro de la previsión de Christian. Un crujido procedente de la puerta del vestíbulo me distrae. Está colgando de sus goznes. Pero ¿qué le ha pasado? —¿Estaba solo? —le pregunto a Ryan. —Sí, señora. No estaría usted ahí de pie de no ser así, se lo aseguro. —Ryan parece vagamente ofendido. —¿Cómo entró? —sigo preguntando ignorando su tono. —Por el ascensor de servicio. Los tiene bien puestos, señora. Miro la figura tirada de Jack. Lleva algún tipo de uniforme… Un mono, creo. —¿Cuándo? —Hace unos diez minutos. Lo vi en el monitor de seguridad. Llevaba guantes… algo un poco extraño en agosto. Le reconocí y decidí dejarle entrar. Así le tendríamos. Usted no se hallaba en casa y Gail estaba en lugar seguro, así que me dije que era ahora o nunca. —Ryan parece de nuevo muy orgulloso de sí mismo y Sawyer le mira con el ceño fruncido por la desaprobación. ¿Guantes? Eso me sorprende y vuelvo a mirar a Jack. Sí, lleva unos guantes de piel marrón. ¡Qué espeluznante! —¿Y ahora qué? —pregunto intentando olvidar los distintos pensamientos que están surgiendo en mi