Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 156

La miro boquiabierta y perpleja. —¿No lo sabías? —Parece no poder creérselo. —¿El qué? —Que han triplicado la seguridad de todos los miembros de la familia Grey. O más bien la han multiplicado por mil… —¿De verdad? —¿No te lo ha dicho? —No. —Me ruborizo. Maldita sea, Christian—. ¿Sabes por qué? —Por lo de Jack Hyde. —¿Qué pasa con Jack? Creía que solo iba a por Christian. —Estoy alucinada. Vaya… ¿Por qué no me lo ha dicho? —Desde el lunes —prosigue Kate. ¿El lunes pasado? Mmm… Identificamos a Jack el domingo. Pero ¿por qué todos los Grey? —¿Cómo sabes todo eso? —Por Elliot. Claro. —Christian no te ha contado nada de esto, ¿eh? —No —confieso y vuelvo a ruborizarme. —Oh, Ana, qué irritante… Suspiro. Como siempre, Kate ha dado justo en el clavo con el estilo directo como un mazazo que la caracteriza. —¿Y sabes por qué? —Si Christian no me lo va a contar, tal vez Kate sí. —Elliot dice que tiene algo que ver con la información que había en el ordenador de Jack Hyde cuando trabajaba en Seattle Independent Publishing. Madre mía… —Tienes que estar de broma. —Siento una oleada de furia que me inunda el cuerpo. ¿Cómo puede saberlo Kate y yo no? Levanto la vista y veo a Sawyer observándome por el retrovisor. El semáforo se pone en verde y él vuelve a mirar hacia delante, concentrado en la carretera. Me pongo el dedo sobre los labios y Kate asiente. Estoy segura de que Sawyer también lo sabe, aunque yo no. —¿Cómo está Elliot? —le pregunto para cambiar de tema. Kate sonríe tontamente y eso me dice todo lo que necesito saber. Sawyer aparca a la entrada del pasaje que lleva al Zig Zag Café y Prescott me abre la puerta. Salgo y Kate lo hace también detrás de mí. Nos cogemos del brazo y cruzamos el pasaje seguidas de Prescott, que luce una expresión de malas pulgas. ¡Oh, por favor, es solo una copa! Sawyer se va para aparcar el coche. —¿Y de qué conoce Elliot a Gia? —le pregunto dándole un sorbo a mi segundo mojito de fresa. El bar es íntimo y acogedor y no quiero irme. Kate y yo no hemos dejado de hablar. Se me había olvidado cuánto me gusta salir con ella. Es liberador salir, relajarse y disfrutar de la compañía de Kate. Se me ocurre que podría