Literatura BDSM Cincuenta sombras liberadas | Page 109

en la voz de Christian. No sé qué pensar de lo que me acaba de contar. Christian me acaricia la espalda desnuda con la mano, lo que me distrae. —Si te pasara algo… —susurra con la mirada seria y los ojos muy abiertos. —Lo sé —le digo—. A mí me pasa lo mismo contigo. —Me estremezco solo de pensarlo. —Ven. Vas a coger frío —me dice a la vez que se incorpora—. Vamos a la cama. Podemos ocuparnos del tercer nivel allí. —Me sonríe con una sonrisa perversa. Tan temperamental como siempre: apasionado, enfadado, ansioso, sexy… Mi Cincuenta Sombras. Me coge la mano y tira de mí para ponerme de pie. Y totalmente desnuda voy detrás de él, cruzando salón, hasta el dormitorio. A la mañana siguiente, Christian me aprieta la mano cuando aparcamos justo delante del edificio de SIP. Ahora ya vuelve a parecer el ejecutivo poderoso con su traje azul marino, la corbata a juego y la sonrisa. No se había puesto así de elegante desde que fuimos al ballet en Montecarlo. —Sabes que no hace falta que vayas, ¿verdad? —me recuerda Christian. Estoy tentada de poner los ojos en blanco. —Lo sé —le susurro, porque no quiero que nos oigan Sawyer y Ryan, que están en los asientos delanteros del Audi. Frunce el ceño y yo sonrío—. Pero quiero hacerlo —continúo—. Ya lo sabes. —Me acerco y le doy un beso. Su ceño no desaparece—. ¿Qué te ocurre? Mira inseguro a Ryan cuando Sawyer sale del coche. —Voy a echar de menos tenerte para mí solo. Estiro el brazo para acariciarle la cara. —Yo también. —Le doy otro beso—. Ha sido una luna de miel preciosa. Gracias. —A trabajar, señora Grey. —Y usted también, señor Grey. Sawyer abre la puerta. Le aprieto la mano a Christian una vez más antes de salir del coche. Cuando me dirijo a la entrada del edificio, me giro para despedirme con la mano. Sawyer me sostiene la puerta y me sigue adentro. —Hola, Ana. —Claire me sonríe desde detrás del mostrador de recepción. —Hola, Claire —la saludo y le devuelvo la sonrisa. —Estás genial. ¿Una buena luna de miel? —La mejor, gracias. ¿Qué tal por aquí? —Roach está igual que siempre, pero han aumentado la seguridad y están revisando la sala del servidor. Pero ya te lo contará Hannah. Claro que sí. Le dedico a Claire una sonrisa amable y me encamino a mi despacho. Hannah es mi ayudante. Es alta, delgada y despiadadamente eficiente, hasta el punto de que a veces me resulta incluso intimidante. Pero es dulce conmigo a pesar de que es un par de años mayor que yo. Me está esperando con mi caffè latte de la mañana, el único café que le permito traerme. —Hola, Hannah —la saludo cariñosamente. —Hola, Ana. ¿Qué tal la luna de miel?