Literatura BDSM Cincuenta sombras de Grey ( E.L. James ) | Página 457

maldad y mala conducta que lleve a cabo cuando el Amo no esté presente. El incumplimiento de cualquiera de las normas anteriores será inmediatamente castigado, y el Amo determinará la naturaleza del castigo. —¿Así que lo de la obediencia sigue en pie? —Oh, sí. Sonríe. Muevo la cabeza divertida y, sin darme cuenta, pongo los ojos en blanco. —¿Me acabas de poner los ojos en blanco, Anastasia? —dice. Oh, mierda. —Puede, depende de cómo te lo tomes. —Como siempre —dice meneando la cabeza, con los ojos encendidos de emoción. Trago saliva instintivamente y un escalofrío me recorre el cuerpo entero. —Entonces… Madre mía, ¿qué voy a hacer? —¿Sí? Se humedece el labio inferior. —Quieres darme unos azotes. —Sí. Y lo voy a hacer. —¿Ah, sí, señor Grey? —lo desafío, devolviéndole la sonrisa. Yo también sé jugar a esto. —¿Me lo vas a impedir? —Vas a tener que pillarme primero. Me mira un poco asombrado, sonríe y se levanta despacio. —¿Ah, sí, señorita Steele? La barra del desayuno se interpone entre los dos. Nunca antes había agradecido tanto su existencia como en este momento. —Además, te estás mordiendo el labio —añade, desplazándose despacio hacia su izquierda mientras yo me desplazo hacia la mía. —No te atreverás —lo provoco—. A fin de cuentas, tú también pones los ojos en blanco —intento razonar con él.