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I Reyes
9. 3–16
en Gabaón. Y le dijo Jehová: Yo he oído tu oración y tu ruego
que has hecho en mi presencia. Yo he santificado esta casa que
tú has edificado, para poner mi nombre en ella para siempre;
y en ella estarán mis ojos y mi corazón todos los días. Y si
tú anduvieres delante de mí como anduvo David tu padre, en
integridad de corazón y en equidad, haciendo todas las cosas
que yo te he mandado, y guardando mis estatutos y mis decre-
tos, yo afirmaré el trono de tu reino sobre Israel para siempre,
como hablé a David tu padre, diciendo: No faltará varón de
tu descendencia en el trono de Israel. Mas si obstinadamente
os apartareis de mí vosotros y vuestros hijos, y no guardareis
mis mandamientos y mis estatutos que yo he puesto delante
de vosotros, sino que fuereis y sirviereis a dioses ajenos, y los
adorareis; yo cortaré a Israel de sobre la faz de la tierra que
les he entregado; y esta casa que he santificado a mi nombre,
yo la echaré de delante de mí, e Israel será por proverbio y
refrán a todos los pueblos; y esta casa, que estaba en estima,
cualquiera que pase por ella se asombrará, y se burlará, y dirá:
¿Por qué ha hecho así Jehová a esta tierra y a esta casa? Y
dirán: Por cuanto dejaron a Jehová su Dios, que había sacado
a sus padres de tierra de Egipto, y echaron mano a dioses aje-
nos, y los adoraron y los sirvieron; por eso ha traído Jehová
sobre ellos todo este mal. Aconteció al cabo de veinte años,
cuando Salomón ya había edificado las dos casas, la casa de
Jehová y la casa real, para las cuales Hiram rey de Tiro ha-
bía traído a Salomón madera de cedro y de ciprés, y cuanto
oro quiso, que el rey Salomón dio a Hiram veinte ciudades en
tierra de Galilea. Y salió Hiram de Tiro para ver las ciudades
que Salomón le había dado, y no le gustaron. Y dijo: ¿Qué
ciudades son estas que me has dado, hermano? Y les puso por
nombre, la tierra de Cabul, nombre que tiene hasta hoy. E Hi-
ram había enviado al rey ciento veinte talentos de oro. Ésta
es la razón de la leva que el rey Salomón impuso para edificar
la casa de Jehová, y su propia casa, y Milo, y el muro de Je-
rusalén, y Hazor, Meguido y Gezer: Faraón el rey de Egipto
había subido y tomado a Gezer, y la quemó, y dio muerte a los
cananeos que habitaban la ciudad, y la dio en dote a su hija
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