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I Reyes
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él; y harás descender sus canas con sangre al Seol. Y durmió
David con sus padres, y fue sepultado en su ciudad. Los días
que reinó David sobre Israel fueron cuarenta años; siete años
reinó en Hebrón, y treinta y tres años reinó en Jerusalén. Y
se sentó Salomón en el trono de David su padre, y su reino fue
firme en gran manera. Entonces Adonías hijo de Haguit vino
a Betsabé madre de Salomón; y ella le dijo: ¿Es tu venida de
paz? Él respondió: Sí, de paz. En seguida dijo: Una palabra
tengo que decirte. Y ella dijo: Di. Él dijo: Tú sabes que el rei-
no era mío, y que todo Israel había puesto en mí su rostro para
que yo reinara; mas el reino fue traspasado, y vino a ser de mi
hermano, porque por Jehová era suyo. Ahora yo te hago una
petición; no me la niegues. Y ella le dijo: Habla. Él entonces
dijo: Yo te ruego que hables al rey Salomón (porque él no te
lo negará), para que me dé Abisag sunamita por mujer. Y
Betsabé dijo: Bien; yo hablaré por ti al rey. Vino Betsabé al
rey Salomón para hablarle por Adonías. Y el rey se levantó a
recibirla, y se inclinó ante ella, y volvió a sentarse en su trono,
e hizo traer una silla para su madre, la cual se sentó a su dies-
tra. Y ella dijo: Una pequeña petición pretendo de ti; no me
la niegues. Y el rey le dijo: Pide, madre mía, que yo no te la
negaré. Y ella dijo: Dése Abisag sunamita por mujer a tu her-
mano Adonías. El rey Salomón respondió y dijo a su madre:
¿Por qué pides a Abisag sunamita para Adonías? Demanda
también para él el reino; porque él es mi hermano mayor, y ya
tiene también al sacerdote Abiatar, y a Joab hijo de Sarvia.
Y el rey Salomón juró por Jehová, diciendo: Así me haga Dios
y aun me añada, que contra su vida ha hablado Adonías estas
palabras. Ahora, pues, vive Jehová, quien me ha confirmado
y me ha puesto sobre el trono de David mi padre, y quien me
ha hecho casa, como me había dicho, que Adonías morirá hoy.
Entonces el rey Salomón envió por mano de Benaía hijo de
Joiada, el cual arremetió contra él, y murió. Y el rey dijo al
sacerdote Abiatar: Vete a Anatot, a tus heredades, pues eres
digno de muerte; pero no te mataré hoy, por cuanto has lle-
vado el arca de Jehová el Señor delante de David mi padre, y
además has sido afligido en todas las cosas en que fue afligi-