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II Samuel
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se indignó él. Humo subió de su nariz, Y de su boca fuego
consumidor; Carbones fueron por él encendidos. E inclinó los
cielos, y descendió; Y había tinieblas debajo de sus pies. Y ca-
balgó sobre un querubín, y voló; Voló sobre las alas del viento.
Puso tinieblas por su escondedero alrededor de sí; Oscuridad
de aguas y densas nubes. Por el resplandor de su presencia se
encendieron carbones ardientes. Y tronó desde los cielos Jeho-
vá, Y el Altísimo dio su voz; Envió sus saetas, y los dispersó;
Y lanzó relámpagos, y los destruyó. Entonces aparecieron los
torrentes de las aguas, Y quedaron al descubierto los cimientos
del mundo; A la reprensión de Jehová, Por el soplo del aliento
de su nariz. Envió desde lo alto y me tomó; Me sacó de las
muchas aguas. Me libró de poderoso enemigo, Y de los que
me aborrecían, aunque eran más fuertes que yo. Me asalta-
ron en el día de mi quebranto; Mas Jehová fue mi apoyo, Y
me sacó a lugar espacioso; Me libró, porque se agradó de mí.
Jehová me ha premiado conforme a mi justicia; Conforme a la
limpieza de mis manos me ha recompensado. Porque yo he
guardado los caminos de Jehová, Y no me aparté impíamen-
te de mi Dios. Pues todos sus decretos estuvieron delante de
mí, Y no me he apartado de sus estatutos. Fui recto para
con él, Y me he guardado de mi maldad; Por lo cual me ha
recompensado Jehová conforme a mi justicia; Conforme a la
limpieza de mis manos delante de su vista. Con el misericor-
dioso te mostrarás misericordioso, Y recto para con el hombre
íntegro. Limpio te mostrarás para con el limpio, Y rígido se-
rás para con el perverso. Porque tú salvas al pueblo afligido,
Mas tus ojos están sobre los altivos para abatirlos. Tú eres mi
lámpara, oh Jehová; Mi Dios alumbrará mis tinieblas. Con-
tigo desbarataré ejércitos, Y con mi Dios asaltaré muros. En
cuanto a Dios, perfecto es su camino, Y acrisolada la palabra
de Jehová. Escudo es a todos los que en él esperan. Porque
¿quién es Dios, sino sólo Jehová? ¿Y qué roca hay fuera de
nuestro Dios? Dios es el que me ciñe de fuerza, Y quien des-
peja mi camino; Quien hace mis pies como de ciervas, Y me
hace estar firme sobre mis alturas; Quien adiestra mis manos
para la batalla, De manera que se doble el arco de bronce con
mis brazos. Me diste asimismo el escudo de tu salvación, Y