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II Samuel
18. 32 –19. 11
ha defendido tu causa de la mano de todos los que se habían
levantado contra ti. El rey entonces dijo al etíope: ¿El joven 32
Absalón está bien? Y el etíope respondió: Como aquel joven
sean los enemigos de mi señor el rey, y todos los que se levan-
ten contra ti para mal. Entonces el rey se turbó, y subió a la 33
sala de la puerta, y lloró; y yendo, decía así: ¡Hijo mío Absalón,
hijo mío, hijo mío Absalón! ¡Quién me diera que muriera yo en
lugar de ti, Absalón, hijo mío, hijo mío!
Dieron aviso a Joab: He aquí el rey llora, y hace duelo por 19
Absalón. Y se volvió aquel día la victoria en luto para to- 2
do el pueblo; porque oyó decir el pueblo aquel día que el rey
tenía dolor por su hijo. Y entró el pueblo aquel día en la ciu- 3
dad escondidamente, como suele entrar a escondidas el pueblo
avergonzado que ha huido de la batalla. Mas el rey, cubierto 4
el rostro, clamaba en alta voz: ¡Hijo mío Absalón, Absalón,
hijo mío, hijo mío! Entonces Joab vino al rey en la casa, y 5
dijo: Hoy has avergonzado el rostro de todos tus siervos, que
hoy han librado tu vida, y la vida de tus hijos y de tus hijas, y
la vida de tus mujeres, y la vida de tus concubinas, amando 6
a los que te aborrecen, y aborreciendo a los que te aman; por-
que hoy has declarado que nada te importan tus príncipes y
siervos; pues hoy me has hecho ver claramente que si Absalón
viviera, aunque todos nosotros estuviéramos muertos, enton-
ces estarías contento. Levántate pues, ahora, y ve afuera y 7
habla bondadosamente a tus siervos; porque juro por Jehová
que si no sales, no quedará ni un hombre contigo esta noche;
y esto te será peor que todos los males que te han sobreve-
nido desde tu juventud hasta ahora. Entonces se levantó el 8
rey y se sentó a la puerta, y fue dado aviso a todo el pueblo,
diciendo: He aquí el rey está sentado a la puerta. Y vino todo
el pueblo delante del rey; pero Israel había huido, cada uno
a su tienda. Y todo el pueblo disputaba en todas las tribus 9
de Israel, diciendo: El rey nos ha librado de mano de nuestros
enemigos, y nos ha salvado de mano de los filisteos; y ahora
ha huido del país por miedo de Absalón. Y Absalón, a quien 10
habíamos ungido sobre nosotros, ha muerto en la batalla. ¿Por
qué, pues, estáis callados respecto de hacer volver al rey? Y 11
el rey David envió a los sacerdotes Sadoc y Abiatar, diciendo: