19 LibreFantasía/nro 3
Tal vez no todo estaba perdido, podía romper el hechizo y visitarla luego de recuperar el aspecto de un hombre, con suerte ella creería que aquella vez que la visitó un monstruo fue una pesadilla. Intentó romper el hechizo siguiendo las indicaciones que había leído en el libro en el estudio del nigromante pero el resultado no fue lo que esperaba… otra vez estaba tuerto y manco… y envejecido, deformado monstruosamente pero con la fuerza y el instinto carnal de las bestias… sus malas acciones y los crímenes que había cometido dejaron sus huellas, la hechicera siniestra no lo había convertido en un monstruo, ella sólo le había dado el poder de las bestias para que fuera un guerrero más fuerte de lo que había sido en su juventud… él mismo se había convertido en un monstruo cuando decidió sacrificar a Belisa.
Y ahora sólo le quedaba contemplar en el espejo a su bella amada, hasta que una noche el espejo le mostró la habitación vacía… tal vez ella se había casado y dejado el castillo para irse a vivir con su esposo, la siguió buscando deseando con todas sus fuerzas que el espejo se la mostrara… aunque sea siendo feliz en brazos de otro hombre. Pero el espejo no volvió a mostrársela y el dolor se convirtió en amargura y la amargura en rabia. Ulric volvió a conjurar los poderes del espejo y éste le mostró la imagen de una mujer de piel morena que le recordó a Belisa, tocó el espejo y fue transportado a la habitación donde dormía aquella mujer… y la tomó, violándola mientras ella gritaba de terror y asco entre sus brazos.
Se quedó en la caverna usando el espejo para saciar sus bajos instintos, cada vez que lo hacía se deformaba más y terminó convirtiéndose en un ser aún más repugnante que el hombre bestia. Hasta que un día sintió que alguien había entrado a la caverna… ¿Quién sería el imprudente que había entrado, un viajero perdido buscando refugio de la tormenta, un aventurero buscando tesoros?... fue al encuentro del intruso y su corazón seco dio un respingo al ver a la bella mujer de cabellos de plata que aún amaba.
– Dejé mi castillo para buscaros, ha sido un largo viaje – dijo ella acercándose a él sin mostrar repugnancia – la primer noche que me visitasteis reconocí el anillo que llevabais, el grillete de esclavitud de una hechicera siniestra y malvada… sabía lo que erais, un hombre que cargaba con un hechizo y maldición… perdonadme, la última noche que me visitasteis grité por la sorpresa que me acusó vuestro real aspecto…