estaba muy emocionada porque había visto muchas fotos de mujeres vestidas de flamenca y me habían encantado. El traje que me prestaron estaba compuesto de dos piezas, en mi ignorancia, me coloqué la falda como vestido y me llevé una desilusión porque no se me quedaba ajustado como había visto en las fotografías. Cuando la madre de los niños que yo cuidaba me vio, se echó a reír y me explicó cómo ponérmelo.
Muchas personas piensan que por ser extranjera la cabeza solo te sirve para manterner el equilibrio de tu cuerpo. Pero yo les repetía. "Soy extranjera, no tonta". Ahora soy menos ingenua y en esos casos saco mi sangre italiana.
En mi experiencia de estos dos años me he encontrado con personas de muchas clases. Unas quieren que te sientas tranquila y como si estuvieras en tu casa, te ofrecen tu apoyo. Otras, al escuchar tu acento extranjero, ponen cara rara y te preguntan de dónde eres, su expresión cambia al saber que eres de un país europeo porque para esta clase de personas existen dos tipos de extranjeros de primera y de segunda categoría. con frecuencia te hacen sentirte más excluído de su sociedad y te explican las cosas como si fueras de otro planeta. Al principio, me enfadaba ante la actitud de esa clase de personas, ahora adopto una postura más inteligente que consiste en mostrar indiferencia ante el comportamiento ignorante de esas personas.
Hay que reconocer que una persona que está fuera de su país tiene una cultura, costumbres, lengua distinta a la nuestra, pero que ante todo tiene sentimientos. No debemos pensar que nuestras costumbres o forma de ver la vida son las únicas válidas. Mi experiencia como "au pair", es decir, persona que es acogida temporalmente en otro país por una familia a cambio de cuidar