Había una vez un cacique llamado Quenta que habitaba en el Norte de Neuquén con una vista hermosa, el clima cálido. El silencioso lugar era relajante como montar a caballo en una pradera.
Quenta era un joven muchacho que soñaba con tener una espada llamada excalibur cuya fuerza era inimaginable. Quenta practicó y practicó pero ninguna espada le gustaba, solo soñaba con la espada mágica.
Doce años después se convirtió en el jefe de su tribu mapuche. Se encontró con Ychigo su mejor amigo desde la infancia. Antes de que se fuera a la guerra de los Andes, unieron fuerzas. Durante una batalla, la vida de Quenta estaba en peligro. Porque en la última batalla había quedado manco. Su amigo lo salvó.
Luego de un tiempo Quenta le dijo a su amigo de la infancia-¿por qué no me ayudas a ir por la legendaria espada excalibur?- bueno, pero llevemos un mapa-contesta Ychigo-¡Vamos! ¡Podemos juntos!-dijo Quenta. Se fueron corriendo hacia la montaña de la muerte, la más tenebrosa de la zona. En forma inesperada unos guerreros aparecieron y su amigo lo protegió y aunque le haya salvado la vida murió.
Donde murió apareció un árbol gigante con hojas plateadas, como las espadas y de una rama broto la espada de excalbur. Quenta escaló el árbol para poder agarrarla. Una vez que la agarró se hizo más poderoso que nunca, recordando que todo fue gracias a su mejor amigo.
Autores Geraldine Romero y Gabriel Palacios
Audio: Gabriel Palacios y Lucas Olive
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