LETRINA LETRINA # 9 Septiembre - octubre 2013 | 页面 20

Platón: yo era Hipatia y tú Platón; entre tu deber ser y mi querer ser; entre la almohada fría y los ronquidos de mi, ahora, ex-marido. ¿Cuántas lágrimas contamos, justo antes de que se nos nublara la vista, y entonces tuviera que prender un cigarrillo para apaciguar el frío de la madrugada? Batallamos contra la locura de Nietzsche, de su moral hipócrita preferimos el puente tendido, 1812 cañones nos timbraban en los tímpanos; en un crescendo carminesco naufragamos, mientras las teorías de Gödel nos martillaban las entrañas; violentamos la sonrisa machista de algunos filósofos al adelantarnos a la mayoría de la clase, ni Mozart con su Concerto no. 21, logró calmar nuestras aguerridas conclusiones, así como tampoco Sor Juana consoló con su mordaz crítica, teníamos que llevar esto hasta las últimas consecuencias: humillar a la mayoría de los compañeros de clase; confirmamos los límites del Canon por tonos de Bach, mientras mi ex se la pasaba recriminando mi falta de no sé qué, pero que siempre hacía falta; deambulamos de un lado a otro de la habitación para cubrir los escasos seis pasos y medio de largo y cinco de ancho cuando nos sorprendía alguna idea socarrona, y más cuando observábamos venir el reclamo por parte de mis padres ante el deterioro de mi relación; y qué decir de las noches en blanco, cuando las ideas se ocultaban tras los gemidos de placer de los vecinos y yo tenía que huir porque recordaba que seguía siendo un animal con instintos básicos; o como cuando llegaban los primeros rayos de sol y no teníamos más escapatoria que unos cuantos minutos con una almohada en los ojos para no perderme entre el ajetreo de un mundo caóticamente matinal. Y ahora, resulta que a ti también te desagrada la idea de que continúe con mis estudios, supondría que ahora que comienzo la maestría, cambiarías a un sabor un poco más amargo, no que terminarías ahogándote en mi taza de café, y me dejarías completamente sola, sumergiendo mi lápiz en el café una y otra vez, buscando atorar alguna parte de tu cuerpo para sacarte de ese profundo líquido negro, y quizá, no sé, comenzar a tomarme esa sustancia que te hizo ahogarte, para saber qué fue lo que te mató realmente... 20