LETRINA LETRINA # 9 Septiembre - octubre 2013 | Page 19

cuidadosa y lista para no indigestarte. IV Allegro Llegada la noche, y siempre al encender el quinto cigarrillo e ir por la segunda taza de café con un poco de whisky, te aparecías, la trayectoria era la misma: salías del montón de cajas que tengo a mis espaldas; descarada, siempre te parabas al llegar a la altura de mi hombro, y todo indicaba que, una de dos: te detenías a saludarme, o simplemente veías con cara de asombro a ese ser gigantesco que te acompañaba todas las noches y que no se atrevía a comer de la filosofía como tú lo hacías. Al llegar a la esquina de la habitación, tus patillas delanteras siempre trastabillaban un poco, eras la viva imagen de Pablo cuando llegaba borracho; subías el pequeño librero que tengo sobre el escritorio y cerca del lugar donde pongo mi taza de café, hacías una breve pausa, ese olor tan rico y costoso, supongo también te atraía: —Es colombiano —te comenté en alguna ocasión—, el único lujo que me doy. —Ni te inmutaste, pero siempre que no me alcanzaba para comprarlo, y tenía que tomar de otro, simplemente, rodeabas la taza. V Accelerando Quién lo hubiera dicho, yo, pensando en ti, yo pensando en una cucaracha que de buenas a primeras y tras algunas vacilaciones, recorrió toda una pared en blanco hasta llegar a posarse sobre el librero que tengo en el escritorio. Incontables noches juntas en las cuales comimos del árbol de la sabiduría; diálogos entre Hipatia y 19