-Pues acostúmbrate amigo mío porque al paso que voy mañana el
puente será mío, o por lo menos tendremos que compartirlo.
-Jajajaja es lo más ridículo, váyase amigo y regrese a su casa con su
familia.
Simón le contó su historia y Mateo, como niño que escucha un
cuento de su madre bajo las cobijas de su cama, escuchó cada
palabra. Parecía que todo lo que Simón decía Mateo lo vivía en su
cabeza. Cuando acabó Simón, Mateo le contestó:
-Lo ves amigo, vuelve a tu vida con tu esposa y con tus hijos a disfrutar tu vida no pierdas más tiempo.
-Bueno ¿Qué no escuchas? ¿Eres sordo, tonto o te haces el gracioso? Te acabo de contar mi vida porque terminé con el hombre más
miserable debajo de un puente y no entiendes.
-Mire señor, puede que sea el más miserable pero mi peor error fue
haber olvidado mi vida: de dónde soy, cómo llegué aquí. Si un solo
día pudiera recordar por dónde vine, regresaría siguiendo mis pasos. Debo de ser hijo, padre y hermano pero me han olvidado o me
han ignorado. Tú que sabes de dónde vienes ¿Por qué no regresas?
tu vida no es tan mala, tienes la oportunidad de ser algo de lo que
un día fuiste.
-Mmm… con razón se olvidaron: mártir y filósofo. Claro, la vida es
maestra y vaya que tienes vida. Ten unas monedas, mañana nos vemos, a ver de qué platicamos viejo loco, pero gracias por la lección
de humildad.
Y así Simón se dio la vuelta y dejó a Mateo con un vacío en su alma.
No es lo mismo saberse miserable a que alguien igual de miserable
se burle de tu buena voluntad.
A la mañana siguiente, cuando llegó debajo del puente encontró a
un encargado del parque llevándose a los amigos de Mateo en una
bolsa negra.
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