BALADA DE LOS SUICIDAS
Aleqs Garrigóz
(Universidad de Guanajuato, Lienciatura en Letras Españolas, octavo semestre.)
Para honrar a los suicidas digo este canto
derramado en papel como sangre en una sábana cualquiera:
aquella en la que el adolescente desilusionado dijo: “hasta aquí”,
en la que la enamorada y el anciano valeroso
cortaron los nudos que los ataban a la vida que no ya no deseaban.
Hasta aquí. Hasta aquí hemos llegado
los que acunamos la muerte desde niños en una cavidad íntima del
cuerpo,
y así, con sangre la nutrimos.
Muertos desde siempre, anduvimos entre noches
indagando en las sombras, buscando su negra lactescencia
desterrados del día, envueltos en una nebulosa que nos pedía caer,
rompernos, ceder, negar con las entrañas
lo que era nuestro, lo que nos defendía.
Como una semilla maldita crecimos.
Extendimos nuestra infelicidad como una imploración;
miramos los surcos ya cavados, sin fijarnos a uno.
Pusimos los pies en el viento de la huida, del desinterés.
Como una semilla maldita maduramos.
He aquí el pútrido fruto: la locura,
hospitales luminosos como el más allá,
encierros donde andamos con cabellos arrancados,
cuerpos que laten pero sin respuesta sacuden,
caminantes que van por aceras con una soga de angustia al cuello
que luego truecan por una real.
Lo hemos dicho: no queremos vivir.
Y sellamos con un cadáver ésa, la última enunciación.
Nos hemos probado innumerables adioses desde el inicio de la
historia: