LETRINA LETRINA #5 Enero- febrero 2013 | Page 32

Domingo Ezequiel Hernández Moreno 31 Ahí estaba yo a las dos de la tarde, frente a la ventana del laboratorio con la bata puesta y la nariz pegada al vidrio, afuera tal vez hacía calor, el pasto se veía ya seco, pero aún así un par de pájaros revoloteaban en el aire; siempre me han gustado los pájaros, son animales libres, yo también soy un animal, pero no soy libre, soy como un orangután encerrado en la jaula de un zoológico, aunque bueno, tal vez sólo es que yo me siento así, porque fácilmente podría despegarme de la ventana, tomar un banco y romper el cristal de la ventana para salir corriendo, o incluso más fácil aún, podría abrir la puerta del laboratorio, subir a la oficina del jefe de la investigación y entregarle la renuncia que desde hace dos meses tengo guardada en mi maletín. Y se preguntarán ¿Qué hacía yo metido en un laboratorio a las dos de la tarde de un domingo? Básicamente lo mismo que los últimos dos años vengo haciendo, inútiles pruebas de laboratorio para poder encontrar una forma de mejores tratamientos para curar el cáncer, cualquiera pensaría que soy un científico o un héroe, pero no, sólo soy un tipo con un cerebro promedio y con algo más de curiosidad; que a decir verdad, preferiría estar por ahí en alguna casa de un tipo liberal, con mujeres de moral ligera, mucha cerveza y estar hasta la madre de drogas, pero no, tengo que estar aquí haciendo pruebas a células inmortales para poder curar a gente que jamás va a tener dinero para los medicamentos que yo desarrollaré, pero, ¿Qué me