LETRINA LETRINA #5 Enero- febrero 2013 | Seite 27

de las más pequeñas se mezclaban con las nubes de polvo, que con unos rayos de sol dejaban ver minúsculas refracciones a lo largo de su descenso. Tres fragmentos fueron admisiblemente mayores. Su parte inferior se conservó como vestigio de un ser antiguo, tergiversado por una flecha que no lo perdonará. Otro, en un costado, arrastraba nubes de polvo y fragmentos alargados en su separación, como una lluvia de navajitas transparentes. Y un tercero cerca de su parte inferior, próximo a tocar suelo, víctima del empuje de la mayor cantidad de agua. Así, mientras colapsaba, lo observé y grabé todos sus detalles en mi memoria hasta que el tiempo volvió a transcurrir de manera normal y ese cadáver se desorganizaba para fundirse en el suelo con rastros de agua enlodada y sangre de mis pies descalzos. Y mi madre me gritaba y Joaquín sólo me observaba, como sabiendo lo que estaba pasando. Y yo ahí parado, sin decir nada, pensando cómo comenzaban esos embrujos. 26