LETRINA LETRINA #5 Enero- febrero 2013 | Página 26
Fac. de Lengua y literaturas hispánicas
Tercer semestre
Motivo de castigo.
Julio R. Miranda
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Era muy pequeño cuando conocí el amor.
Vivía en el tiempo que viven los niños al
jugar entre botes de plástico, que hacían las
veces de balón, goma de mascar y tarjetitas
de superhéroes. No conocía desvelos ni mayores preocupaciones, mi vida era regida por
una tranquilidad ingenua. Entonces ocurrió.
Regresaba de la tienda una de esas tardes
veraniegas, pegajosas y húmedas, como mis
manos, como el picaporte de la puerta de la
cocina. Me lo acerqué, dispuesto a beber de
él, cuando Joaquín cambió el canal de la televisión y distraído miré lo que transmitían. Y
pensé en ella un solo instante.
Después lo solté. Quizá la desesperación que
viene cuando uno se da cuenta de que algo es
imparable fue lo que me hizo sentir todo más
lento, más íntimo. Poco a poco llegó al suelo
y permaneció algún tiempo ahí, fracturándose, como regalando una última visión de
lo que fuera su identidad. Cuando no pudo
más, explotó pacientemente, casi de manera
ordenada. Pequeños pedazos se tornaban
blanquizcos, presas de una fragmentación
más profunda mientras otros se convertían
en proyectiles que giraban lentamente al
pretender alejarse del evento. Algunos más
grandes oscilaban en una caída aletargada,
seguidos por nubes de polvo que no habían
alcanzado a convertirse en añicos mayores.
Gotas de distintos tamaños y formas se desplazaban hacia todas las direcciones. Algunas