LETRINA LETRINA #4 Noviembre - diciembre 2012 | Page 41
atropellada, no de morir ahí y ahora; tiene miedo de que el chico no
llegue, que no encuentren la caja y todo haya sido en vano; pero hay
un rayo de fe en ella que la mantiene consciente, esperando que todo
resulte bien.
Los dos ya entraron a la ciudad, buscan desesperadamente el edificio; a
un kilómetro de distancia, sigue ella, tratando de alejarse nuevamente
de ahí, su mente la lleva a continuar con aquél hermoso recuerdo de ella
y su chico de cabello rojizo.
Ella levantó la mirada, y ahí estaba él, sentado en una banca,
jugando con un par de hojas y observándola; inmediatamente
le sonrió, ella se levantó del columpio y se dirigió hacia él.
Cuando estuvo lo suficientemente cerca, lo besó en la mejilla
y se sentó a su lado. Los dos se miraron a los ojos un largo
rato, sin decir nada; pareciera que con los ojos se transmitían
todo.
Una señal de su cuerpo, interrumpe el bello recuerdo de ella, sus pulmones
le avisan que el aire se está acabando; la frágil chica trata de calmarse,
no entrar en pánico; mira a los lados y ve que está sola,