LETRINA LETRINA #4 Noviembre - diciembre 2012 | Page 35

fueron escritos con letras sumisas, perfiles pasivos y pocos accidentes dramáticos que pudieran perturbar su historia, no somos aficionados de los disturbios que esos excesivos bríos pudieran ocasionar. Cuando tu astucia se descuidó y nos dejó ver lo que hacía tu traviesa sombra, todos lo supimos, Sopa traviesa, quisiste engañarnos, pero aún después de descubrir tu embuste, reconocimos lo intrépido de tus actos, tu belleza bajo aquella luna de acero; parpadeante al ritmo de ese silbido artificial, efímero, y tan banal que te hacía fondo injusto al arte que nos pareció tu trabajo. Estallamos en júbilo súbito, llenos de alegría por tu baile, aunque a decir verdad era difícil reconocer a nuestra pequeña Sopa, con ese traje de lentejuelas, ese antifaz, en medio de las luces, los aplausos y los hombres que admiraban a nuestra pequeña y desabrida Sopa. Prontos le dimos un billete de mil pesos a tu primo, para que te lo pusiera en tus diminutas prendas, sabíamos bien la relación tan estrecha que tenían tú y él, pensamos que era el más adecuado para demostrar que tu familia te apoyaba y se sentía orgullosa de tu labor. Tu expresión al principio nos sorprendió un poco, parecía un poco desencajada, pero bastó con escuchar tus palabras para tranquilizarme, -¡Trae aquel vaso!- y de inmediato tu amistoso compañero, que no dejaba que los clientes te molestaran, te obedeció, tomaste su contenido, y entendí que tenías miedo. Sopa tonta, no recuerdas que cuando más pequeña eras, tus padres seguros del amor que te tenían, te dijeron: No importa qué seas de grande, si quieres puedes ser barrendera, ¡pero sé la mejor barrendera del mundo! Pues así te veíamos ahora, como la