LETRINA LETRINA #4 Noviembre - diciembre 2012 | Page 30
Monstre Charmant
Con paciencia me fumo un cigarro y retengo el humor negro que
me trago de la irónica, trágica, pero siempre romántica vida. Con
paciencia ataco con ese sarcasmo animal que me distingue de
entre los que le quieren y los que le abren los ojos a la verdad.
Si tuviera paciencia, ¿permanecería aquí sentado con un vaso de
tequila y agonía esperando su retorno?
¿Por qué le piden paciencia a un ánima del purgatorio que se
escapó de su encierro porque estaba ya cansada de escuchar tantas
oraciones que él no necesitaba?
¿De qué me sirve ahora la paciencia?, si no sirve para combatir
el incesante andar del monstruo con tres manos deformes y
disparejas, con sus números por aquí y por allá, ese que le llaman
tiempo, ese que la gente encerrada en cuatro paredes mira con
desánimo y prisa porque son esclavos de él. O para detener el
aire frío que de pronto uno siente mientras suspira y mira cómo
la gente, ajena a todo dolor, camina a su lado, burlándose de él
con sus miradas frías y labios secos.
{
En memoria de mi paciencia
}
¿Cómo le pide paciencia al amor? Si el amor no espera, el amor es
desesperación algunas veces; otras, una copa de whisky. Paciencia,
amar con paciencia no es lo mío, y es que con impaciencia le tiro
de sus ropas, le escribo notas desesperadas y le compongo arias
al claro de sus ojos que, sin pesar, dejan de mirarme.
Paciencia… si me pide paciencia en este instante, me servirá
lo mismo que un reloj para contar mis penas.