LETRINA LETRINA #11 Enero - febrero 2014 | Page 51
mientras ella aun intentaba acomodarse los aretes. Volteó a ver a la
muchacha- ¡Está loca!- terminó de decir la muchacha. Mamá se dio la
vuelta muy rápido y continuó peleando con los aretes.
-¿Por qué no son como los míos?- pregunté mientras la muchacha fruncía
el ceño y giraba los ojos para otra dirección. Apretó los puños, separó los
labios, se acercó a mi oído y grito:
-¡Chop Up!
El grito entró como un tornado desgarrando mi tímpano. Yo lloré. Todos
giraron a mi alrededor a ver qué sucedía, mientras la muchacha intentaba
levantarse. Ella huía de mí. Llegó una mujer que se parecía a mi mamá y
la interceptó. Tenía los labios carnosos como ella, y sobre todo la misma
mandíbula larga. Su traje era diferente, de un color azul marino, y ella tenía
el pelo esponjado en unos rizos quemados.
-Diane, tú hiciste llorar al niño- dijo la mujer que empezó a regañar a la
muchacha- Ahora tranquilízalo.
- ¿Mom, arr yu crasi?- dijo la chica.
-Escúchame bien amor, la ceremonia empezará en una hora, y no quiero
que Martín siga llorando, y se lo lleven a otro lado, sabes que tu abuelita
Celsa lo quiere mucho.
-¡Foc!- La muchacha se dio media vuelta, se volvió a sentar a mi lado. Yo
seguía llorando. Su mano tomó a Patmo, lo empezó a mover cerca de mi
rostro, y dijo “estop, estop, ya no llores Martín”.
-Patmo…- dije al secar mis lágrimas, con las mangas del traje, y luego
sonarme la nariz con la corbata.
- No seas sucio- ella buscó en su bolso un pedazo de papel, con el que secó
mi rostro- Sorri, for… perdón, por lo de hace rato, no era mi intención
gritarte, sólo no soporto a los niños.
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