LETRINA LETRINA #11 Enero - febrero 2014 | Seite 40

Bang, bang, bang No, you can’t hide what you intend, it grows in the dark Once we’ve become the thing we dread. Desde antes de que ese cabrón llegara yo ya sabía que me quería ver muerto. Si al bato se le notaba en los ojos desde hacía varias semanas. Ni modo que no me diera cuenta. Pero uno dice: “¿cómo voy a creer que mi compa, cabrón?”. Además de que el Carlitos ya me la había cantado: “Trucha con este bato, que te anda mal jugando”. Pero yo no le hice caso y hasta lo invité. Compré puras anfetas de las chingonas y nos fuimos en el coche del Carlitos. Ya en la rave, cuando estaba bien tronado, le pregunté: “¿Qué pedo con eso que andan diciendo, carnal, que me quieres muerto?”. Hubieras visto: el bato se puso pálido-pálido. Pero se sonrió, el cabrón. Y me dijo: “¿Cómo la vas a creer, carnal?”. Pero le creí, que al fin y al cabo era mi compa ¿qué no? En la mañana, estaba machín cansando de bailar toda la noche y le dije al Carlitos: “Vámonos, cabrón”. Y, como él ya estaba en el bajón, me dijo: “Simón, bato”. Hacía un calor de la chingada y no sabíamos dónde vergas estaba mi compa. Lo esperamos cinco minutos hasta que apareció bien trincado el bato, diciendo que se había comido no sé cuántas tachas. Cuando le dije que ya nos íbamos puso esa mirada. Pero en el camino no dijo nada. Estuvimos en casa del Carlitos toda la mañana. Pero hubieras visto cómo se puso mi compa, cabrón. El bato se fue a la cocina por agua y tardó 40