Sociedades senti-mentales:
De la estética del culto a la
anestética del inculto
ENSAYOS
Javier Carbajal Núñez
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“Fuéramos cultos”, nos dice Fernández Christlieb, y bien, no caigamos en el error de pensar
que uno es culto por ser una persona letrada,
con muchos conocimientos y títulos. Fijémonos
bien. Ser culto es sentir al pensar -en pocas palabras-. No sólo pensar en automático, como
lo quieren las empresas de los trabajadores,
que uno sepa reaccionar en caso de alguna
contingencia, que sea audaz, que actúe y que
luego piense y que cuando piense, piense rápido o bien, que piense rápido para actuar rápido, pero casi siempre esto sale mal. Estamos
acostumbrados a pensar esos procesos por
separado, “piensa y luego actúa” nos dicen
cuando cometemos errores, o las aventuradas
que dicen: “hago lo que mi corazón me dice”
o el fabuloso “no la pienses tanto”, que dicen
los cuates para que actúes, como si hubiese un
abismo entre el pensar, sentir y actuar, y aquí
la psicología colectiva nos dice que no es así,
que todo esto se da en conjunto y a la vez, como
un licuado en un mismo ser, revueltito, uno
“no piensa con la cabeza”, uno piensa al actuar, con todo el cuerpo y siente a la vez, o sea
que uno siente, piensa y actúa a la misma vez.
Quizás las acepciones del sentir, pensar y
actuar se usen por separado coloquialmente
sólo para darle lugar en el tiempo y espacio a
esos actos-sentimientos-pensamentales como
algo que ya es parte de la vida cotidiana
pero deviene desde el pensamiento filosófico
y posteriormente científico de las sociedades
occidentales que ha puesto su esfuerzo en
hacer fracciones, delimitaciones, fragmentos,